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viernes 27 de noviembre del 2020
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Amar, Amando

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Amar, Amando

Amar es un acto de la voluntad.  Es cierto, en algún sentido; pero no se aplica al sentimiento, sino a los actos derivados de un estado inconsciente que nace del alma.
“¡Ámame!, ¿porqué dejas de hacerlo?”, preguntan sedientas algunas parejas. 
Todas creen merecerlo y tienen razón, sin embargo, su valía no se relaciona con la génesis del sentimieto amoroso de otro, que no es voluntario de origen. No puede pedirse el amor porque es un regalo. Y la idea de regalar surge de la emoción sentida del encuentro.
“Me regalo cuando encuentro un ser especial, no cuando éste me encuentra y me elige”.

Lo especial surge de la identificación, de la combinación que se recrea de dos personalidades en contacto;  no de la unicidad del ser humano que por ser lo hace excepcional. Tampoco se ama motivado por las virtudes. Puede tenerlas todas una persona y no suscitar ningún estado nuevo. El amor es un estado naciente, dice Alberoni.
Es una vinculación trascendente; quien lo vive se transforma de por vida.
“Ya te encontré y decido amarte...” No implica la correspondencia. Al contrario, cuántas veces la tragedia del amor es vivirlo en secreto, en singular... 
Aún así, vale la pena sufrirlo. Las penas de amor son mucho más dulces que todos los demás placeres, decía el poeta Dryden.
 Como un embrujo, al principio es inconsciente, incontrolable. “Locura de dos” o de uno sólo... Más tarde es voluntario, “quiero quererte”  aunque duela  porque embriaga los sentidos.

Se ama voluntaria, pero libremente.
El que ama debe estar muy consciente de ello, porque si obliga a la correspondencia, terminarán dejándole irremediablemente. No puede ignorarse, la libertad es parte y la esencia del amor. Por eso, el que posee no ama verdaderamente. El que cela tampoco; ni el que expresa demasiado, o el apático ciego a la necesidad del otro.
 El que necesita no ama, necesita que lo amen.

Amar es dar, pero no a cucharadas embutidas de lo que venga en gana.
 Amar es darse, con la conciencia de poder no ser tomado en el momento, y no ofenderse si no es correspondido. 
La espera no  es de reciprosidad; estaría impresa ya una obligación de ser. La espera es para que el otro sea y corresponda como quiera.
 Mientras haya ida y vuelta que haga más intensa la existencia, habitará el amor los corazones.
Espacios sobran.  Sentir,  pensar, imaginar, inventar, actuar.., a la luz y el embrujo del amor. Es el sentido mismo del amor.
Parece fácil; el problema es el lenguaje. Cada quien tiene su propio idioma para expresarlo y no todos lo entienden el de otro.
 Se ama, amando. No hay atajo.

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Acerca del autor

Josefina Leroux Psicologia y Sexualidad www.josefinaleroux.com/portal/

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