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lunes 17 de febrero del 2020
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Los valores de hoy y de siempre

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Tanto la ciencia como la tecnología son actividades humanas ligadas por una densa red de intereses y motivaciones de todo tipo. Algunas instancias o relaciones son más valiosas que otras, muchas son incompatibles entre sí; en suma hay diferentes escalas de valores que ordenan el conjunto de los medios y fines. Identificar estos valores es un requerimiento básico para emprender una acción educativa coherente y armoniosa. Estas consideraciones éticas son necesarias también para encarar programas a largo plazo, decidir la compra y distribución de los equipamientos, investigar su implementación, desarrollar nuevas comunicaciones, capacitar a los docentes, proponer programas y cursos útiles y creativos. La educación contemporánea es una actividad de enorme complejidad tecnológica. En ella intervienen muchos tipos de sistemas conceptuales, herramientas y equipamientos. Las nuevas tecnologías informáticas por sí mismas nada podrán hacer si no logran integrarse debidamente en el proceso educativo global, lo que significa en muchos casos una re-adaptación sustancial al nuevo campo de aplicación.

La historia de la educación nos remite a una larga serie de adaptaciones de estricto carácter tecnológico. Todas ellas exigieron un esfuerzo y crearon tensiones entre los componentes del delicado sistema educativo imperante en el momento. Hoy sucede lo mismo, pero en grado superlativo. Las nuevas tecnologías informáticas, en efecto, apenas tienen una década de aplicación a nivel masivo en el campo de la educación. En los países que iniciaron esta revolución tecnológica la penetración se realizó en forma "descendente", a partir de las instancias superiores, universidades y centros de investigación. Fueron los estudiantes universitarios los primeros en beneficiarse con los recursos prodigiosos de las grandes computadoras, a través de terminales disponibles para numerosas disciplinas científicas. Con el advenimiento de las computadoras personales este sistema cerrado y limitado a unos pocos centros de excelencia se abrió y se extendió progresivamente a todas las instituciones educativas, llegando hasta el jardín de infantes en pocos años. Actualmente la distribución de estas nuevas tecnologías está definida por la dinámica económica de cada sociedad. En algunos países avanzados no se concibe la posibilidad de cursar la universidad sin poseer un equipo de computación personal en la casa comunicado por Internet. Pero esta condición no se ha generalizado aún en la educación primaria y secundaria. La tendencia hacia una distribución masiva de estas nuevas tecnologías informáticas es lenta, no sólo por el costo, que sigue siendo muy elevado, sino por los prejuicios pedagógicos que nos atan a modelos permitidos. Esta historia fluctuante dejó empero su marca en la implementación de las nuevas tecnologías. En las primeras etapas las computadoras dedicadas a la educación, por ejemplo, estaban sometidas a la dependencia de los programadores profesionales. Comenzó así la industria del software educativo. Muchos ingenieros y técnicos en informática se volcaron a este nuevo campo. También muchos educadores, maestros y administradores se unieron a esta corriente. Evidentemente, el impacto de una tecnología tan novedosa causó serias perturbaciones en el ámbito de la educación.

Los primeros programas aplicados en la educación distaban mucho de ser satisfactorios. Algunos asumían una posición reduccionista sobre el aprendizaje humano, insistiendo, por ejemplo, en el mero entrenamiento de habilidades. Era el momento de auge de la "instrucción asistida por computadora". Otros tomaban las mismas ideas de los cursos tradicionales que transportaban sin mayores cambios a un soporte magnético (diskette) u óptico (CD-Rom). Los más no hacían sino "poner vino nuevo en odres viejos". Pocos se atrevían a patrocinar verdaderas innovaciones en la práctica de la enseñanza. Como consecuencia de ello, una nueva tecnocracia comenzó a expandirse y las instituciones contrataron a un personal técnico ajeno al sistema educativo, especialmente en los niveles primarios y secundarios. Algunos "expertos en informática educativa" llegaron a tomar la responsabilidad integral del manejo de los equipos, del diseño de los cursos y hasta de la distribución de los horarios de los alumnos. Impusieron de manera implícita (o explícita) una pedagogía improvisada sin fundamentos sólidos. Los fracasos se multiplicaron, llenaron de inquietud a los docentes y frustraron en buena medida a los alumnos. Fue un período confuso que todavía perdura en muchas partes. Muchas veces hemos percibido en las escuelas una psicología de la educación del siglo XIX aplicada a una tecnología del siglo XXI. En nuestro asesoramiento a establecimientos educativos y a empresas, en el área de recursos humanos o de capacitación, muchas veces hemos encontrado que quienes deciden sobre los servicios informáticos y de comunicaciones son los expertos del área técnica o de sistemas. Tendría que ser a la inversa. La máquina al servicio del usuario, del gerente y del empleado, del profesor y del alumno. También nos ha llamado la atención que muchas empresas e instituciones educativas "informatizadas" tienen ahora más personal administrativo que antes. Este es un tema preocupante. Cuando no se logra una digitalización correcta la burocracia crece en lugar de disminuir. Para dar el paso al mundo digital, hay que saber desprenderse de los malos hábitos.

Tomado de: http://www.byd.com.ar

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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