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domingo 26 de mayo del 2019
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Daniel Samper: buena lectura, humor e irreverencia

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Daniel Samper Pizano: "La propuesta de convertir a Colombia en exportador de biocombustibles -peligrosamente ignorante o siniestramente codiciosa- equivale a poner la lápida a nuestro ya deteriorado medio ambiente y hundir el país en una época de hambrunas capaces de conmover a los niños de Somalia."

Por: Alejandro Rutto Martínez

A Daniel Samper me lo encontré por primera vez en un libro de Lengua Castellana en mi curso de décimo grado en una de esas mañanas soleadas en las que estudiábamos la literatura nacional y el profe nos pedía analizar una de las lecturas correspondientes a la clase que estábamos viendo. En el texto el autor narraba una de sus complicadas aventuras de los niños "animales de de la familia, con talla de hasta ciento veinte centímetros de altura, ombligo en forma de flor y que comen todo lo que no deben".

En aquella ocasión narraba una escena ocurrida en un avión cuando, al querer congraciarse con uno de los miembros de esa "secta", los niños, a quien denomina "ese horrible invento", éste empezó a llorar escandalosamente. Cuando la mamá le preguntó que le pasaba, el menor miró a Daniel, lo cual motivó una mirada de la enojada señora hacia el autor de la presunta agresión. Resultado: una vergüenza monumental y de gran altura (recuérdese, iba en un avión) para mi héroe.

Los escritos de Daniel Samper se parecen a ciertos fármacos: curan ciertos males, pero producen efectos secundarios. Samper, con sus escritos irreverentes y de una sorprendente sencillez, cura la depresión, la tristeza, el aburrimiento, la melancolía y el abatimiento, entre muchos otros males. El efecto secundario, vale aclararlo, es muye fuerte, casi tan terrible como las enfermedades que cura y es la adicción que crea. Cuando comenzamos a leer sus escritos no hay más remedio que terminarlos. Y cuando los terminamos no hay cosa más deseada que comenzar otro y otro y otro y así sucesivamente en una cadena de la cual nunca será posible encontrar el final.

Se sabe de lectores (entre los cuales me incluyo) que buscan con desespero las revistas semanales en que Daniel Samper escribe y van directo a la página en donde encontrará su columna. Si la revista es propia, devoran el artículo y guardan celosamente el ejemplar. Si es ajena y el dueño está cerca lo leen y la devuelven. No faltan aquellos (entre los cuales no me incluyo) que, cuando el propietario se descuida, la guardan con disimulo y se la llevan o, en el mejor de los casos, aplican una delicada cirugía, tijera en mano, y extirpan la deseada hoja para agregarla a su voluminosa colección, alimentada en gran parte por jugadas delictivas como la que hemos mencionado.

Los que se hayan desenfermado de la depresión y ahora sean adictos al escritor, deberán saber que sus libros no son económicos no se encuentran en las librerías en donde venden textos viejos. No señor. Quienes quieran leerlo deben hacer el esfuerzo de pagar los libros nuevos cuyo precio es directamente proporcional con la cantidad de sonrisas y buenos momentos que el lector tiene garantizados desde el primer capítulo hasta el final.

Pero, es bueno decirlo, Daniel Samper, también escribe notas serias. Hace años dirigió la Unidad Investigativa de EL TIEMPO y desde allí denunció varios entuertos de los que nunca faltan en Colombia. Y lo sigue haciendo hoy. Es más, en el 2002, con motivo de la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez, fue el primero en romper el unanimismo que los columnistas colombianos tenían en favor del nuevo mandatario. Cuando la mayoría de los periodistas conformaban un comité de aplausos al gobierno del doctor Uribe, Samper, fiel a sus convicciones, fue de los primeros en disentir. Y lo hizo con valentía, a pesar de la soledad en que en ese momento se encontraba.

Hoy alterna sus columnas serias y las humorísticas. No siempre se puede estar de acuerdo con sus planteamientos pero la forma en que escribe nos lleva a seguirlo paso a paso donde quiera que haya una nota adornada con su firma. Sin embargo, sus libros recogen en gran parte las columnas con que ha hecho reír, sonreír y reflexionar a los colombianos. Llama la atención la variedad de temas sobre los cuales trabaja y también su habilidad para convertir todo hecho de la cotidianidad en un buen tema para sus artículos.

Sus hojas en blanco se llenan con las aventuras bien contadas acerca de los niños, los animales, los políticos, los religiosos, las mujeres, los hombres, la economía...en fin, Samper se ríe de todo y de todos, principalmente de él mismo y así nos hace reír y pensar a todos.

Me cuento entre quienes coleccionan sus libros aunque confieso que es muy difícil tener la "samperoteca" completa pues cuando adquiero su último libro (el que yo creo) resulta que ya ha puesto en el mercado uno o dos títulos más. Y cuando los consigo, algún mal amigo mío y amigo de lo ajeno ya la ha vuelto a descompletar.

Daniel Samper es un escritor enorme. Uno lo lee y se siente orgulloso de ser colombiano. Y honrado de hablar español, el mismo idioma en que él ha sido capaz de construir su excelente obra.

Por eso creo que un día verdaderamente afortunado en mi vida fue cuando encontré a Samper en mi libro de Lengua Castellana de décimo grado en una mañana soleada y calurosa en las aulas queridas del colegio San José de Maicao.

Alejandro Rutto Martínez es un prestigioso académico colombiano dedicado al periodismo y la cátedra universitaria. Es autor de varios libros y sus artículos son publicados por importantes periódicos, revistas y páginas de Hispanoamérica. Póngase en contacto con él escribiéndole a su correo alejandrorutto@gmail.com o visite su página MAICAO AL DÍA

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