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miércoles 19 de febrero del 2020
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El insensible

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Juan Gabriel estaba indeciso de su boda. No sabía si llegar al punto en que se pararía frente al altar a decir un sí acepto. Su vida es la lírica para enamorar, nada que ver con atarse a una mujer por el resto de su vida. Siempre le ha gustado cantarle a la vida, al amor, a las mujeres, a los hombres, tiene fuego y pasión para cualquier ser vivo de la tierra, así que no testaba dispuesto a aceptar lo de la bodas con Sara Montejo.

Llegó Sara Montejo a cancelar la boda días antes de que Juan Gabriel se armara de valor. Él no sabe si lo que siente es un respiro o un golpe al ego. Sostienen sus miradas, uno reflejándose en el otro. --Si estas pensando que sufriendo estoy, estas soñando, no sabes quien soy. Soy insensible a heridas de amor, jamás exclamo un ¡ay! de dolor, dijo Juan Gabriel para zafarse de los ojos profundos de Sara Montejo. Ella no se movió de su punto, fingió que las palabras de Juan Gabriel no le afectaban en lo más mínimo y se olvidaste del vestidos de novia.

--Te has engañado me siento muy bien, aseguró Juan Gabriel mientras se acercaba a la ventana dándole la espalda a Sara Montejo, --No te he extrañado no tengo por qué, fuiste aventura como muchas más, amor a oscuras sin felicidad. Sara Montejo, se guardó la verdad, prefirió dejar que Juan Gabriel pensara que era totalmente su culpa. A ella no le importa. --Tal vez te quise lo mismo que tú, cuando te fuiste volví a ver la luz, fueron las únicas palabras de Sara Montejo antes de cerrar la puerta. Juan Gabriel la vio partir desde la ventana, mientras entre dientes exclama, --Si estás pensando que sufriendo estoy, estas soñando, no sabes quién soy, jamás exclamo un ¡ay! de dolor, oh, oh.

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Acerca del autor

Lorena Somocurcio

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