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sábado 31 de octubre del 2020
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Melancólicamente

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En el mes de junio de este año que se va (2011), empezamos a participar de una terapia con mi esposa (Adriana); que ya habíamos escuchado de su existencia, por boca de uno de sus hermanos de mi esposa, la cual era efectiva y verídica.

Esta terapia de nombre Ceragem, es una terapia a base de calor. Traída a nuestro país, e inventada por unos científicos de Corea del Sur. Para no entrar en el detalle específico de las propiedades y  uso de esta terapia y, para poder centrar mi narración del presente artículo, en lo sucedido en especial en aquellas reuniones de terapia; invito a mis lectores, entrar a Internet y buscarla directamente por su nombre propio “Ceragem”.

Bueno…, lo cierto es que estas terapias, tienen que ser realizadas todos los días, para alcanzar la efectividad requerida. La terapia es gratuita. Nadie está en la obligación de comprar el producto. Pero al dar testimonio de las bondades de esta terapia en el transcurso del tiempo, los usuarios, se convierten en los anunciadores del producto y, en verdad la terapia es efectiva. Entonces cada usuario que da testimonio de su mejora en calidad de vida, se vuelve un vendedor en potencia del producto.

Los centros de terapia Ceragem, están repartidos desde Corea del Sur, a todas partes del mundo y, en nuestro país, también están repartidos en diferentes  departamentos. En nuestra capital; en diferentes distritos. Para nosotros, nos tocó en el distrito de Lince.

Existe un fenómeno sociológico que se produce al asistir todos los días de forma constante a esta terapia. Se crea un lazo familiar entre todas las personas que participan de la terapia. Todos nos vamos relacionando afectivamente entre sí. Incluso con las señoritas (monitoras) que atienden a los usuarios del servicio. Se crea una interrelación familiar afectiva, en la cual todos nos convertimos – según los casos – en: hermanos, padres e hijos. Este fenómeno es fantástico.

Pero lo penoso de este relato, es comprender que: “no todo dura para siempre”. No se honradamente como es que funcionan estas sucursales en nuestro país, tanto en los departamentos como en los distritos. El asunto es que el día 21 de diciembre, la encargada del centro Ceragem de Lince, nos dijo que solamente hasta el 27 del presente mes se atendería y, que la cosa no daba para más. Asumo, que esto se debió a una mala administración del asunto.

Una profunda tristeza envolvió a todos los que estábamos presentes en aquel anuncio. Teníamos que comprender que ya no nos volveríamos a encontrar como todos los días en dicho centro, para conversar y relacionarnos como una verdadera familia. Uno de nosotros hizo un intento por hacer una lista, para volvernos a encontrar en otras circunstancias a lo mejor; pero la realidad era inminente y despiadada – “con el tiempo todo quedaría como un agradable recuerdo”-

En lo particular; la tristeza, melancolía, desolación, etc. Permanecerán en mi corazón por un buen tiempo, ya que pude conocer personas muy buenas. Siempre vivirán en mi corazón – por ejemplo - las señoritas (monitoras) que fueron como hijas para nosotros: Jennifer Laban, Almendra Barrientos y Zully Ortiz. Como también los “hermanos”: Rubén Montané, Gilberto Orjeda, Rodolfo Silva, José Vega, Filadelfia Tarrillo, Nelly Alfaro, Germán Caballero, Hipólito Pereyra, y otros mas que no recuerdo sus nombres.

También se cobija en mi espíritu una tremenda impotencia y, me digo para mis adentros: -“Quien como los que tienen mucho dinero. Si yo tuviera mucho dinero, vería la manera de que esto siguiera adelante”- pero las tremendas realidades no son sujeto de deseos personales.

La maravillosa semejanza que Dios quiso que nosotros tuviéramos con Él, fue esa inmensa capacidad de amarnos unos a otros, como Él nos ama. Nada ni nadie, podrá quitarnos hasta el fin de los tiempos ese extraordinario Don (regalo) transcendente de Dios mismo.

Que el año que se aproxima, nos haga ver que esta realidad, está latente en nuestros corazones de seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios. Feliz año.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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