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lunes 20 de mayo del 2019
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Una pequeña y gran doctora

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Hace un tiempo, no muy lejano, recibí una llamada telefónica de México a una hora inusual, era Karin del Pilar -mi hija mayor- ¡Papá, Papá!- casi gritaba estaba eufórica ¿Qué pasa hijita? -pregunté asustado-. Papá-me dije— tengo en mis manos mi título de Médico Cirujano y siguió ininterrumpidamente hablando. Un torbellino de emociones invadía la esfera emocional de mí joven hija, con la misma emoción la felicité. Horas después en el sosiego de mis meditaciones vinieron a mi mente las nítidas imágenes de una adolescente, de 16 años apenas, que con sus maletas listas, con sus ojos llenos de lágrimas, con su corazón hecho pedazos y abrazada fuertemente a mi pecho lloraba y lloraba, en el día de su partida al país azteca, jurando que no nos defraudaría y así en medio de esa emoción, de esa tristeza y esas promesas partió miles de kilómetros en busca de otras tierras, de otros amigos y amigas, de otras costumbres, de otra cultura. Lejos de sus hermanos menores, de sus padres, familia, amistades etc., quedaba el consuelo que a esas tierras habían partido y triunfado destacados jóvenes trujillanos, como los hijos de los doctores Javier Medina, Lino Guevara, Gumercindo Suárez, Rojas Cerna, Lucho Quito, Liliana RÍOS, Osear, Carolina y Jackeline Ramírez Quito y otros mas. Pasaron cuatro años, hizo su internado médico, luego su servicio social y ahora ahí estaba gritando de alegría, ¿¡Cómo no contagiarse?.. Si uno mismo siendo médico sabe lo duro que se lucha para poder serlo, vinieron a mi mente, los llantos, los viajes y los rezos de su madre para que ahí en medio de la lejanía, la añoranza, el recuerdo y la nostalgia aprenda a aquilatar al verdadero amigo, el que nunca falla, aprender a querer a Jesús y a seguirlo y ahí en medio del exigente currículo, reducido a 4 años con vacaciones de un mes entre año y año, en medio de la presión de una memorística curricula, de un comercial reglamento que penaliza hasta las tardanzas con pagos y multas, en medio de una férrea competencia, con jóvenes de diversos países, incluyendo a americanos, ahí aprendió a seguir a Jesús y supo combinar su impetuosa juventud, sus sanas diversiones, su total entrega al sacrificado estudio con tantas malas noches, tantos feriados y domingos pasados con el ojo puesto en el libro, tantos años fuera de casa, lejos de su ciudad, su país, sus costumbres, sólo pudieron ser superadas teniendo a su lado al amigo que nunca falla, el que consuela, el que aconseja y reconforta. Hoy Karin hace su especialidad en ultrasonografía intervencionista en la capital mexicana y así como ella miles de jóvenes entregan los mejores años de su juventud al estudio de una las profesiones mas excelsas: la Medicina, lejos del vicio, el alcohol, las drogas, entregándose con sacrificio y entrenándose desde sus años mozos en lo que será el faro filosófico de su apostolado médico: el servicio a la humanidad. Rindo homenaje en estas líneas al éxito de mi joven hija y a través de ella rindo homenaje a la Juventud estudiosa que es la reserva moral y la reserva de transformación de la sociedad.

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Acerca del autor

Miguel Palacios Celi

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