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viernes 06 de diciembre del 2019
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Los problemas económicos en Venezuela

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La economía venezolana en la última década ha presentado una serie de transformaciones, que para unos son positivas y para otros no son tan acertadas. Pero lo que sí sabemos los habitantes de este país, y lejos de los apasionamientos políticos, es que estos cambios han afectado de algún modo el espectro económico de los venezolanos. Son muchas las vicisitudes que a lo largo de la década que transitamos hemos vivido en lo político, económico y social.

Desde diciembre de 2001 cuando se realizó la primera paralización económica en nuestro país  como medida de protesta por las leyes que serían promulgadas como habilitantes, y luego el paro petrolero de 2002, se originaron una serie de convulsiones que desencadenaron en el descalabro de la economía nacional.

En febrero de 2003, el Gobierno Nacional, decide implementar un control de cambio fijo para palear la crítica situación del país y evitar una convulsión social. Así, como evitar la fuga de capitales hacia otros territorios.

Es a partir de esta fecha que comienza la historia de restricciones económicas y financieras, que en el transcurrir de los años lo único que ha originado es el incremento de la inflación, desaceleración de la economía, bajo poder adquisitivo, etc.

Adicionalmente, se unen a este dramático panorama una reciente ruptura de las relaciones comerciales bilaterales con Colombia y una apacible crisis bancaria que no pasó a mayor, gracias a la intervención oportuna de las autoridades gubernamentales, y de los cuales, algunos miembros se encontraban solapadamente envueltos en el escándalo financiero.

Pero uno de los temas económicos que está en voga en nuestro país, es la deficiencia en la autorización y asignación de las divisas a los diferentes sectores económicos del país. Es de tal magnitud, que muchas empresas se han declarado en quiebra y otras han dejado de producir mercancías, bien sea porque no les han sido liquidadas las divisas para continuar con el ciclo de producción y para hacer frente a los compromisos adquiridos con sus proveedores, o simplemente porque dejan de ser competitivas en los mercados internacionales por los altos costos que les acarrea importar, para transformar y luego exportar.

Todo ello, ha conllevado a que el sector gubernamental imponga una economía de puerto, ya que al existir desabastecimiento por la falta de divisas, entre otros factores, el gobierno nacional se ha dedicado a importar más del 50% de lo que consumimos en el país; monopolizando ciertos aspectos y controlando la economía nacional.

La consecuencia, un déficit en la Balanza de Pagos porque las importaciones han ido en crecimiento los últimos años, mientras que el ingreso por concepto de exportaciones petroleras no ha sido constante como las importaciones.

¿Por qué en Venezuela, un país productor de petróleo, se tiene un control de cambio, cuando el precio del hidrocarburo viene experimentado subidas ininterrumpidas desde hace más de seis años? ¿Por qué desde hace más de un año, es cada vez más estricta la normativa cambiaria, si a mediados de 2005) se flexibilizaron los cupos para viajeros y hasta se incluyó un cupo para compras en Internet? ¿Por qué la normativa legal que rige el control cambiario se hace cada vez más punitiva e inflexible? ¿Por qué el precio de las divisas en el mercado paralelo duplica en valor el tipo de cambio oficial, en un mercado que, según el Gobierno, tiene amplia disponibilidad de divisas oficiales? ¿Por qué las cosas parecen estar cambiando?

La razón de tantas trabas y regulaciones

Para comprender que está pasando con la política cambiaria hay que armar un pequeño rompecabezas. Se debe analizar la evolución de los ingresos y egresos en dólares, así como la tendencia mostrada. Observar la situación de deterioro de toda la producción agrícola, pecuaria y manufacturera en general, que es constantemente atacada por diversas políticas gubernamentales. Revisar las cifras de importación de alimentos y otros productos básicos para corroborar cómo éstas han crecido en volumen y cómo se han incrementado los rubros que se importaban. Y considerar la generalizada escasez de bienes, a pesar de que supuestamente se les están suministrando las divisas para su importación.

Cuando se termine ese análisis se comprenderá el porqué la demanda de importaciones de bienes básicos es, obligatoriamente, creciente y el porqué ésta ha sobrepasado las expectativas de los que manejan el aparato de control de cambio. Ahora ¡al fin!, la realidad está golpeando a la puerta y amenaza con tumbarla. Pareciera que las autoridades encargadas del manejo y administración de las divisas se han percatado que para que sea viable un suministro aceptable de estos bienes esenciales a la economía y a la población en general se deben restringir otras importaciones.

Sencillamente, un mercado paralelo cada vez más inflado por efectos de una demanda insatisfecha, les ha demostrado que no hay dólares oficiales para tantas necesidades. La realidad está golpeando a la puerta y amenaza con tumbarla: Se necesita importar alimentos a gran escala, pero la maltratada industria nacional no los produce. Además la industria petrolera tiene problemas para siquiera sostener la producción actual. En suma, se va corriendo la arruga para no enfrentarse a la verdad. Por los momentos se decidió cortar todas las importaciones no esenciales, aunque esto tampoco es sostenible por mucho tiempo.

Se han acumulado demasiados errores y se han dicho muchas mentiras. Por ejemplo, las cientos de industrias endógenas y cooperativas creadas para aumentar la producción no han dado ningún resultado. Se han desviado las divisas (necesarias para invertir en el país) para el financiamiento de revoluciones externas. Al final paga el ciudadano. Por cualquier vía le espera más inflación, producto de una devaluación oficial o producto de seguir pagando más por la divisa, ya que la oficial es cada vez más difícil de obtener. De seguir el gobierno el camino de mantener la evidente sobrevaluación del tipo de cambio oficial, se estaría llevando al país a una crisis de Balanza de Pagos de proporciones impredecibles y de escasez generalizada de todo tipo de bienes.

¿Cómo se llegó aquí?

Al principio de esta historia, lo que habría justificado la adopción del control, fue una aguda crisis política que podía acarrear consecuencias económicas en relación al flujo de recursos hacia el exterior, acompañada por la paralización de la industria petrolera que es la que suministra las divisas al país.

Luego, razones de orden meramente político, de control de la economía privada y de control de la población habrían motivado su sostenimiento.

Pero los controles de cambio no son medidas que pueden perdurar en el tiempo sin consecuencias letales. Tarde o temprano el esquema se agota y las razones suelen ser diversas. En el caso venezolano, los síntomas del agotamiento del esquema se pueden evidenciar:

 

-Cada vez son más frecuentes y estrictos los cambios en la normativa legal, penalizando y entrabando el uso de la divisas.

-Los retrasos que impone la Comisión Nacional de Divisas (CADIVI) a todos los usuarios del sistema son más frecuentes.

CADIVI y las importaciones

A finales de 2006 y principios de 2007, los importadores comenzaron a sentir el peso de una cantidad de nuevos requisitos para importar, entre ellos, la Solvencia Laboral y el Certificado de No Producción Nacional, documentos que retrasan y complican el proceso.

Como era de esperarse ante tantas trabas, a partir de 2007 empezaron a escasear muchos bienes de primera necesidad como las medicinas. Sorprendidos por esta realidad, CADIVI decidió agilizar los trámites e incluso exonerar de algunos de ellos a algunas importaciones por algún tiempo.

Sin embargo, las trabas han seguido aumentando y  las quejas de los importadores por retrasos para obtener las divisas, que en muchos casos sobrepasan los seis meses, también han crecido.

Se les otorga el permiso para importar, pero una vez que han liquidado la mercancía, los retrasos son sustanciales. Como consecuencia de éste y de otros factores, sigue en aumento la escasez de un creciente número de bienes, esenciales o no esenciales.

Hasta nuestros días, las mayores trabas las han sufrido los importadores y las personas jurídicas que requerían divisas por motivo de su actividad económica. Así como también a las personas naturales que hubieran hecho uso de su cupo en dólares para compras por internet o para viajes.

Una de las medidas adoptadas fue la citación de más de cinco mil usuarios para que justificaran sus compras en el exterior. Debían presentar recibos y comprobantes de todas sus compras más otros requisitos exigidos por CADIVI si lo consideraba necesario.

Otra medida adoptada fue la reducción del monto del cupo para compras en internet, el cual, fue rebajado de USD 3.000 anual a sólo USD 400, una rebaja de 87% que fue aplicada a todos los usuarios del sistema. Motivada a los supuestos excesos y abusos de algunos usuarios.

Estas medidas dejan entrever un problema más profundo, y pudiera ser las turbulencias que pueda estar enfrentando el gobierno para satisfacer la creciente demanda de divisas. Y como ya se sabe, la demanda ya sobrepasa con creces la oferta.

Adicionalmente existen atrasos en la liquidación de autorización de divisas para importaciones y otros conceptos. La banca ha estado presentando problemas para cumplir con las exigencias de efectivo de los usuarios del sistema del control de cambio y con sus compromisos con las operadoras de tarjetas de crédito en el exterior, por cuanto, hay atrasos en el Banco Central que se suman a los de CADIVI.

La Balanza de Pagos

Si se analizan las cifras de la Balanza de Pagos, que reflejan los ingresos y egresos en divisas del país, quizás queden un poco más claras las razones para haber tomado estas decisiones.

A pesar que los precios del petróleo han venido creciendo durante los últimos seis años de manera bastante vigorosa, el ingreso petrolero, a pesar de los altos precios, empieza a declinar, lo que contrasta con el acelerado crecimiento del gasto en las importaciones; porque la industria que provee los principales ingresos del país no está trabajando de manera eficiente.

Otro dato preocupante de la situación de la Balanza de Pagos es el ritmo al que han seguido creciendo las importaciones, el cual no han seguido los ingresos por  exportaciones petroleras.

Entre 2002 y 2003 las importaciones experimentaron un importante decrecimiento, producto de la crisis política que dio lugar a la paralización de la actividad económica en el país.

En 2004 las importaciones comenzaron a recuperarse desde un nivel muy bajo. Por su parte, los ingresos petroleros que también estaban en franca recuperación y la Balanza de Pagos cerró con un pequeño saldo favorable.

En 2005, las importaciones siguieron creciendo, mientras que las exportaciones petroleras se incrementaron a un ritmo mayor que las importaciones. Ese año la Balanza de Pagos cerró con superávit. En 2006, las importaciones experimentaron un inusitado crecimiento por tercer año consecutivo. Los ingresos petroleros reportados también crecieron, pero comparado con el ritmo al que lo hicieron las importaciones, su crecimiento luce más bien modesto. En esa ocasión la Balanza Comercial cerró con un superávit ligeramente menor con respecto a 2005.

En 2007, el ritmo de crecimiento de las importaciones no dio muestras de sosegarse, incluso éstas crecieron a un ritmo mayor que el año precedente. Es en este punto donde se debe observar que desde hace dos años la Balanza de Pagos comenzó a dar muestras de estar soportando un crecimiento no sostenible de las importaciones y en 2007 cierra con un déficit. El principal motivo parece ser que los ingresos petroleros crecen moderadamente mientras las importaciones lo hacen a ritmo acelerado.

Actualmente, contamos con unos ingresos petroleros bien interesantes, pero continuamos con una excesiva importación de bienes, que origina desequilibrio en la Balanza de Pagos. Adicionalmente, PDVSA la industria que genera los mayores ingresos al país, se ha convertido en la caja chica del sector gubernamental; por lo que hay despilfarro en el manejo de los recursos de la nación.

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Janeth Urbina

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