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martes 19 de marzo del 2019
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Maicao y su bomba social

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Maicao ha vivido a lo largo de sus ochenta y tres años de historia en una linea del tiempo alterada por los tiempos de las crisis absolutamente graves y las bonanzas temporalmente provechosas. En medio de las épocas buenas y malas los habitantes de Maicao fueron construyendo un tipo de ciudad caracterizada por el trabajo duro, el caos urbano, la solidaridad de sus gentes y las inmensas posibilidades que le brinda a todas las personas que llegan a su suelo.

Desde hace más de veinte años terminó la última gran bonanza de Maicao y desde entonces su economía ha vivido en sumida en un túnel oscuro, largo y en dirección oblicua, lo cual, sin embargo, no ha sido óbice para que la ciudad subsista y continúe con vida a pesar de que en varias oportunidades se le ha expedido de manera anticipada su certificado de defunción. En el anfiteatro se quedaron esperando un cadáver que nunca llegó y, por lo visto, ya no llegará.

No obstante que el enfermo respira y respira bien, es bueno advertir que en Maicao existe una bomba social de enormes proporciones tal como se evidenció en los disturbios de los días 3 y 4 de agosto. La protesta de los vendedores informales de gasolina, infiltrada posteriormente por sujetos incitadores de la violencia, es apenas la punta de un gigantesco iceberg con el cual podemos representar la problemática social y económica de una de las fronteras más importantes de Colombia.

Por una parte el comercio formal de Maicao ha descendido a unos límites precupantes y toca fondo con el bolívar a 29 centavos de fondo lo cual, como es lógico, ha empujado al grueso de la población a refugiarse en actividades económicas informales entre ellas la venta de gasolina mediante los sistemas conocidos como "pimpinas" y "big cola", la introducción y venta de víveres venezolanos y el mototaxismo, actividad en la que han conseguido la forma de mantenerse al menos unas siete mil familias pertenecientes a los sectores más desfavorecidos.

A lo anterior hay que agregar el tema de los servicios públicos. El asunto en Maicao es delicado y grave y en cualquier momento podría generar una manifestación de inconformidad que pudiera incluso superar los episodios lamentables de los primeros días de agosto.

La prestación del servicio de energía eléctrica se ha constituído prácticamente en una burla y en una humillación para los 140.000 habitantes de una localidad en donde se producen terribles apagones de hasta ocho horas en amplias y populosas zonas en donde toda actividad se ve totalmente paralizada. Frente al hecho repetitivo, molesto y perjudicial, la población lo ha intentado todo, desde las llamadas a los teléfonos anotados en las facturas, hasta denuncias en la Superintendencia de Servicios Públicos sin encontrar respuesta favorable. Lo más grave del caso es que, por encima del llamado a la prudencia de las autoridades y los medios de comunicación, ya se escuchan voces de ciudadanos que plantean la protesta popular como último y desesperado recurso.

Es necesario que se escuche la voz del pueblo hoy cuando aún estamos a tiempo. Y que no se espere el estallido de la bomba social de Maicao.

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