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lunes 24 de abril del 2017
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La inteligencia emocional: base de la autonomía e iniciativa personal

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La autonomía e iniciativa personal es una de las ocho competencias básicas propuestas por la UNESCO para ser desarrolladas por los alumnos a lo largo de la Educación Obligatoria.

El trabajo en el aula con esta competencia se realiza con el objetivo de que los alumnos adquieran la conciencia y aplicación de un conjunto de valores y actitudes personales, como:

– la responsabilidad;

– la perseverancia;

– el conocimiento de sí mismo y la autoestima;

– la creatividad;

– la autocrítica;

– el control emocional;

– la capacidad de elegir, de calcular riesgos y de afrontar los problemas;

– la capacidad de demorar la necesidad de satisfacción inmediata; y

- la capacidad de aprender de los errores y de asumir riesgos.

Hasta ahora, en los centros educativos estos valores y actitudes sólo se trabajaban de forma transversal y sólo en algunos centros muy innovadores, ya que lamentablemente buena parte del profesorado todavía atribuye la educación en valores a la familia y dan por hecho que sus alumnos deben ser responsables o perseverantes.

La inteligencia emocional

Detrás de esta competencia propuesta por la UNESCO principalmente ante la problemática social y personal de muchos jóvenes en los países miembros hay un concepto que tiene mucha relevancia en el mundo de la psicología: la inteligencia emocional, basada en el trabajo de Daniel Goleman publicado en su libro Emotional Inteligence en 1995.

El término Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados anímicos en uno mismo y en los demás.

Este tipo de inteligencia está relacionado con otro concepto, la competencia emocional, que es la habilidad que tiene cualquier persona para potenciar su inteligencia emocional en su vida cotidiana. Este tipo de competencia es tan importante que se ha convertido en el principal factor que hoy en día observan y miden las Empresas en sus procesos de Selección de personal.

La inteligencia emocional en el aula

Jonathan Cohen comienza la introducción de su libro Inteligencia emocional en el aula planteando al lector lo siguiente: cuándo su hijo crezca, ¿qué clase de persona quiere usted que sea?

Es evidente que cualquier padre respondería diciendo que quisiera que su hijo fuera buena persona, trabajador, responsable, con éxito social y laboral. Pues bien, la clave para conseguir esos objetivos pasa por educar emocionalmente al niño y al joven tanto en el aula como en la familia.

Según diversas investigaciones, los problemas del contexto educativo asociados a bajos niveles de inteligencia emocional serían cuatro:

Déficit en los niveles de bienestar y ajuste psicológico del alumnado Disminución en la cantidad y calidad de las relaciones interpersonales Descenso del rendimiento académico Aparición de conductas disruptivas y consumo de sustancias adictivas

Estos problemas son extensibles a cualquier país desarrollado del mundo y actualmente se han agudizado en tal medida que los gobiernos educativos han considerado que la inteligencia emocional se convierta en una de las ocho competencias básicas a trabajar en el alumnado. Pero, ¿qué hay de los profesores?

El profesor emocionalmente inteligente

Hasta hace muy poco se pensaba de forma errónea que las competencias afectivas y emocionales no eran imprescindibles en el profesorado. Incluso hoy en día, hay profesores con clases en las que más del setenta y cinco por ciento presenta problemas de conducta que no asumen ningún tipo de responsabilidad ante este hecho.

Según autores como Abarca y Vallés, la práctica docente de cualquier profesor implica actividades como:

la estimulación afectiva y la expresión regulada de los sentimientos positivos y, más difícil aún, de las emociones negativas (como la ira, envidia, celos,...); la creación de ambientes (tareas escolares, dinámicas de trabajo en grupo,...) que desarrollen las capacidades socio-emocionales y la solución de conflictos interpersonales; la exposición a experiencias que puedan resolverse mediante estrategias emocionales; o la enseñanza de habilidades empáticas mostrando a los alumnos cómo prestar atención y saber escuchar y comprender los puntos de vista de los demás.

Ahora bien, poner en práctica este tipo de habilidades no es un trabajo fácil por lo que la formación del profesorado se convierte en un factor imprescindible.

La familia y la inteligencia emocional

Los profesores educan en la escuela pero el principal agente responsable de la educación emocional de los hijos es la familia y por primera vez, gracias al planteamiento propuesto por la UNESCO y la LOE con las competencias básicas tiene mucho que decir y aportar para el desarrollo de la inteligencia emocional de sus hijos tanto en casa como en la escuela.

De esta forma, padres y profesores deben complementarse y, de forma conjunta, proporcionar oportunidades para mejorar el perfil emocional del alumno. Para ello, el primer paso que pueden dar es adoptar un perfil educativo democrático.

El estilo educativo democrático implica por un lado,  exigir el cumplimiento de las demandas acordes a la madurez de su hijo, pero a la vez incentivar la toma de decisiones, mostrar cariño y escuchar las opiniones del niño y conocer sus gustos y preferencias.

Por otro lado, las interacciones profesor-alumno son un espacio socio-emocional ideal para la educación emocional con actividades cotidianas como:

Contar problemas o intercambiar opiniones y consejos, la mediación en la resolución de conflictos interpersonales entre alumnos, las anécdotas que pueda contar el propio profesor sobre cómo resolvió problemas similares a los que pasan los alumnos, o la creación de tareas que permitan vivenciar y aprender sobre los sentimientos humanos como la proyección de películas.

El tema de la Inteligencia emocional y la competencia autonomía e iniciativa personal tiene a los centros educativos revolucionados, ya que en muchas ocasiones se sienten poco competentes para el cambio tan drástico que se les ha impuesto desde los gobiernos educativos y las Consejerías de Educación, pero es un cambio imprescindible para conseguir desarrollar mejores ciudadanos para el mundo del mañana.

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Acerca del autor

Jenny Guerra Hernández –  www.AprendeFacilmente.com es la creadora del sistema de psicopedagogía creativa y coordinadora del equipo de Fácilmente. 

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