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lunes 12 de abril del 2021
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Liderazgo y confianza: La piedra angular donde reside el poder

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Maestro que cosas de estas tres quitarías al pueblo: ¿armas, alimento o confianza? – Quitadle   armas y alimento  pero dejadle siempre  la confianza  es el reducto que poseen los vencedores”. El maestro

El cemento emocional que sella la alianza entre el líder y sus seguidores es la confianza, la credibilidad que gana ante ellos. En ocasiones, tal vez el seguidor no esté convencido de las acciones que se le piden, pero llega a tal grado su fe en su líder que las realiza confiado. La confianza es un término difícil de definir, pues como el amor, solamente se sabe si existe cuando interiormente se experimenta.

No obstante, sí sabemos cómo se logra inspirar la confianza, y es precisamente a través de la predictibilidad, es decir, estamos seguros de la forma en que va a actuar determinada persona. Por ejemplo, confiamos el puesto de cajera a quien estamos ciertos nos va a responder con honestidad, quien manejará correctamente los valores que le estamos confiando, y hemos llegado a esa conclusión por dos vías: primero, por las acciones que hemos observado en ella en otras ocasiones, o simplemente porque algo en nuestro interior -instinto- nos dice que así va a ser; ¿en qué momento perdemos la confianza? Cuando sus acciones traicionan nuestras expectativas -incongruencia-. Así, en forma similar el líder conquista a sus seguidores, ya sea a través de sus acciones o de sus palabras, y la relación se fractura cuando éste traiciona con sus propios actos la fe que sus seguidores depositaron en él.

El maestro Fukuyama, profesor de la Universidad de Harvard y autor del libro Confianza, plantea que la confianza es la plataforma social para lograr el desarrollo de una nación; las auténticas crisis de gobierno se presentan cuando los ciudadanos dejan de creer en sus gobernantes, entonces, se desencadena una cantidad de acontecimientos que afectan todos los campos económicos y sociales de un país: se fugan los capitales, se detienen las inversiones, se manifiestan actos de protesta y violencia, se acelera como consecuencia natural el desempleo y se incrementa la delincuencia. Este fenómeno tiene efectos similares, aunque con otras manifestaciones, en la vida corporativa, cuando los empleados no creen en sus líderes, realizan su trabajo con escepticismo y desgano, y cuando el jefe pierde la confianza en sus subordinados, se llena de inseguridad y el miedo a que sea defraudado por sus colaboradores se incrementa y lo obliga a mantener una supervisión más estrecha y desgastante.

En el plano familiar, la confianza representa un factor determinante para edificar una relación llena de armonía y de paz. Así, observamos la clásica escena cuando el hijo solicita a sus padres permiso para ir a alguna reunión, sobrevienen las clásicas recomendaciones: no llegues tarde, no tomes, maneja con cuidado, me avisas cuando llegues, apagas las luces; "vaya confianza que le depositaron sus padres al concederle el permiso".

En el rol pareja, si hay algo que cuesta verdaderamente trabajo es recuperar la confianza, cuando uno ha traicionado al otro; por supuesto, no es imposible, pero exige una gran coherencia, ternura, paciencia y capacidad de perdón para lograrlo, en la medida que perdonas, amas.

Mantener la confianza que los demás han depositado en nosotros nos exige una lucha permanente por ser coherentes, que nuestras palabras sean respaldadas por nuestras acciones. Por supuesto, la coherencia al 100% es una utopía, por algún motivo corremos siempre el riesgo, aunque sea momentáneamente, de traicionarnos a nosotros mismos y a nuestros seguidores. Cuando así suceda, lo importante es de inmediato tratar de corregir, ofrecer una disculpa y comunicar la situación y los factores que influyeron para caer en esa contradicción, pero por sobre todas las cosas, asumir plenamente nuestra propia responsabilidad, y en ningún caso tratar de culpar a los otros o a las circunstancias.

El mayor esfuerzo que debe realizar un líder consiste en conquistar y conservar la confianza de sus seguidores, debe cautivar su fe. A veces resulta difícil seguir el paso del líder e incluso frecuentemente nos pide realizar ciertas acciones de las que tal vez no estamos muy convencidos, pero debido a la credibilidad que él nos inspira las realizamos; por ejemplo, cuando Gandhi les pidió a sus seguidores la resistencia de la no violencia, aun cuando fueran agredidos, o cuando les impulsó a realizar largas marchas de protesta sufriendo así un sinnúmero de adversidades.

A los jefes se les obedece por temor; en cambio, a los líderes auténticos por amor; si deseamos realizar grandes obras debemos poner profundos cimientos y la primera piedra para edificar un extraordinario liderazgo es la confianza.

El líder debe reflejar en su exterior lo que tiene en su interior. No se crea que tenemos que andar con lujos o joyas, o estar a la última moda, no, nuestra presencia tiene que ser realmente el empaque de lo que contenemos, lo que traemos dentro de nosotros. Son curiosos esos domingos en casa, es un típico ejemplo el señor viendo la televisión con su cerveza, son las doce del día, no se ha lavado la boca y está sin rasurar; la mujer pregunta: "Oye, ¿ahora no te vas a arreglar?" "No, porque hoy no viene nadie." Lo cual significa que su pareja es Nadie.

Imagínese por favor que le presentan un famoso perfume francés y su empaque es una cubeta: sencillamente no es posible. Cuando se arregle, piense: "Mi presencia es lo que me anuncia". William Shakespeare lo decía a través de uno de sus célebres personajes: "Recuérdalo, hijo mío, el ropaje anuncia al ser humano, como te ven te tratan". No se trata de ser superficial, ser mucho exterior y poco interior, hay superficialidad cuando está hueco y no hay respaldo, pero si tenemos la consistencia de lo exterior con lo interior habrá congruencia en nuestra presencia. Tenemos que buscar nuestra presencia en correspondencia a nuestro liderazgo, a lo que somos. Si tú fueras líder campesino, pues vive como campesino. Hay gente que se disfraza de campesino. Tenemos que ser congruentes, realmente, con nuestro decir, hacer y pensar. Esto es fundamental: el identificarnos con nuestra gente sin importar el nivel jerárquico y utilizar el lenguaje y el comportamiento adecuado para ser uno más en el grupo nos dará aceptación e influencia con los seguidores.

Por su lenguaje y presencia, el líder carismático comunica su entusiasmo, compromiso y motivación, que se irradian a sus seguidores.

La comunicación integral la debe realizar el líder a través de su persona, incluye los lenguajes verbales y corporales; cuando despierta en sus subordinados un sentido de igualdad, produce en ellos una sensación de afecto y admiración. El líder debe ser como sus seguidores, con comportamientos fácilmente perceptibles para construir el sentido de identidad común.

La presencia física del líder es fundamental para estar en contacto directo en la operación, lo que permitirá identificarse con su gente por el conocimiento que esto supone. Muchos líderes no intervienen en los detalles por estar absortos en ejercer su estrellato, pero la atención a los detalles es lo que nos permite lograr la Excelencia: "Los pequeños detalles hacen la Excelencia, pero la Excelencia nunca será un pequeño detalle".

Los líderes carismáticos plantean una paradoja en sus organizaciones: sus fortalezas son también sus debilidades. Es como si no pudiéramos vivir sin ellos pero tampoco con ellos, por eso cuando están ausentes se crea un vacío de liderazgo. Estos líderes son demasiado importantes para que puedan ser olvidados, seguimos necesitándolos a pesar de sus debilidades.

VITAMINIZAR LOS HABITOS

Indudablemente recuerda usted la fábula "La gallina de los huevos de oro", de Esopo, que habla sobre un granjero que se encuentra a una gallinita lastimada, a la que recoge, cura y da de comer hasta que un buen día se encuentra un huevo de oro en el gallinero. Al día siguiente el granjero vuelve a encontrar otro huevo de oro, y día con día la gallina repite el milagro.

El granjero piensa entonces que si la gallina es capaz de poner un huevo de oro diariamente, por dentro ha de tener una mina de oro, así que decide sacrificarla y ¡oh, decepción!, no encuentra absolutamente nada. Dice el refrán: "La ambición rompe el saco". Este pobre granjero quiso toda la riqueza en un instante, y en lugar de cuidar a la gallina la mató inútilmente.

La moraleja de esta fábula la podemos aplicar en los roles de la vida. Los padres complacientes que dan todo a sus hijos con tal de verlos contentos, pero sin educarlos, a la larga acabarán en un mundo de conflictos y sin bases firmes para conducirse a la madurez y al crecimiento psíquico. En la pareja, cuando solamente se disfrutan mutuamente en los buenos momentos, pero no se respetan ni protegen, descuidando la comunicación y sin propiciar el crecimiento mutuo, tarde o temprano la gallina les deja de poner huevos de oro.

Es muy importante el binomio de mantener el ente productivo y de hacerlo producir. Una empresa no se puede dedicar a invertir en maquinaria sin producir, como tampoco debe dedicarse sólo a producir olvidándose de dar mantenimiento adecuado al aparato productivo.

Nos sorprende ver líderes que tienen una gran energía y capacidad de realización, aunque algunos de ellos físicamente no corresponden al modelo de Superman o del cowboy Marlboro, sino todo lo contrario: se parecen a Gandhi, a la madre Teresa de Calcuta 0 a Francisco I. Madero, entre otros. Misterio hoy aclarado científicamente, todos ellos han sido adictos a una droga: la endorfina, fueron endorfinómanos..., pero no se imagine que se inyectaban o fumaban algo raro, sino que tenían la capacidad de producir la sustancia llamada endorfina, segregada por nuestro cerebro, y que es 120 veces más poderosa que la misma morfina. El cerebro de ellos, como el de usted o el mío, puede producirla ilimitadamente. La fórmula es muy sencilla y su práctica es lo que reviste un auténtico reto:

Endorfina = Esperar lo mejor.

La mente trabaja bajo dos paradigmas extremos: esperar lo mejor o esperar lo peor. El segundo es el más común pues no exige nada. En contraparte, el autoyisualizarse como triunfador requiere de un esfuerzo, de una energía vivificante que nos anime a la acción y que nos permita enfrentar cada obstáculo no como una dificultad sino como un reto. ¿Cómo conseguirlo?

Los hábitos vitales para tener una vida plena, y a los cuales denominamos la supervitamina E, son:

Espera lo mejor, lo cual nos ofrece una visión optimista y práctica de la vida.

Energía que nos dé el poder de realización.

Emotividad que nos permita un sano desarrollo psicológico y un medio afectivo para relacionarnos con los demás.

Evolución que nos impulse al cambio a través del permanente aprendizaje.

Vida espiritual que nos dé seguridad interior al acrecentar nuestros valores y proyectarnos hacia la felicidad.

El secreto para ser feliz es ¡ser feliz!

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Hermel Balcázar Campoverde © www.aicad.es

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