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sábado 19 de septiembre del 2020
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Más sobre educación

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Hace unos meses, cuando la ministra de educación, María Fernanda Campo, le presentó al país el proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992, se inició un debate muy interesante sobre la misma, que desafortunadamente se ha ido desvaneciendo con el paso de los días.Hablar de educación en Colombia es un tema obligado, no sólo por la reforma que está pendiente, sino por la inmensa necesidad que tiene el país de mejorar su calidad.

Pese al aumento en cobertura de los últimos años, muchos de los jóvenes que terminan la educación media no cuentan con las competencias necesarias para ingresar al mercado laboral formal y están condenados a permanecer en la informalidad, donde los salarios son más bajos, su productividad es menor y el acceso a la protección social es prácticamente inexistente. Una situación que condena a los más pobres a vivir siempre en la pobreza.

En el Anuario de Competitividad Mundial 2011 que acaba de publicar el IMD de Suiza, Colombia ocupó el puesto 46 entre un grupo de 59 países, uno menos que en 2010, y es el quinto entre los siete países latinoamericanos que mide el IMD. Muchas razones explican esta mala posición del país en el ranking: su desempeño económico; la baja productividad; la pésima infraestructura vial y tecnológica, entre otras.Pero la que de ninguna forma puede pasar desapercibida es la educación, donde ocupó el puesto 58.

Este resultado responde, principalmente, al elevado número de alumnos por maestro; la inadecuada destreza en el lenguaje -analfabetismo funcional-; la baja tasa de matrícula en secundaria; el bajo porcentaje de la población con educación superior; el analfabetismo; y el bajo gasto público en educación como porcentaje del PIB.Lo anterior no debe sorprender y es consistente con el desempeño de los estudiantes colombianos en pruebas internacionales. Lo que sí llama la atención es que todavía haya personas que insistan en no ver la realidad y afirmen que los ranking son incorrectos.Mejorar la calidad del sistema educativo implica mejorar la calidad de los docentes. Como afirma la consultora McKinsey, "la calidad de un sistema educativo no puede exceder la calidad de sus maestros". Para logarlo, es preciso elevar el prestigio de la profesión y sólo permitir, como lo han hecho muchos países, el ingreso de los mejores estudiantes a la carrera pedagógica.

Hoy ocurre lo opuesto.Adicionalmente, hay que generar incentivos para premiar mejoras en resultados de las evaluaciones a la planta docente y hay que implementar un esquema de registro calificado y de acreditación de alta calidad para la educación básica y media.Sólo cuando el país entienda que el futuro está en la calidad de su sistema educativo y actúe en este sentido, podremos decir que estamos trabajando por un país más próspero.

Tomado de: Rosario Córdoba

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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