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miércoles 28 de octubre del 2020
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Planeaciones Para Priamaria - La evaluación en la educación primaria

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Si nos centramos en las necesidades de los alumnos de la Educación Primaria vemos que estos procesos de control y valoración son si cabe más necesarios por el hecho de que estamos en un momento en que los alumnos necesitan continuas referencias sobre el instrumento lingüístico que están utilizando, la lengua oral, como referencia para el aprendizaje de la lengua escrita que tienen lugar en sus primeros pasos durante este tramo de la enseñanza.   Si en cualquier momento del aprendizaje es importante que los alumnos sean conscientes de lo que se les pide en la actividad escolar, en la Etapa Primaria la conciencia del proceso es la clave de la evolución de los aprendizajes y, por lo tanto, se tendrán que diseñar pautas de observación que a su vez sean utilizables como pautas de reflexión por parte de los alumnos. Hablar sobre lo que se hace, por qué se hace, cómo se hace y cómo se podría haber hecho es parte esencial del proceso de aprendizaje del niño y le va suministrando instrumentos para un dominio de sus habilidades.   Por ejemplo, los alumnos han realizado una actividad de expresión oral, la dramatización de un cuento que han leído y comentado previamente en clase. Tras esta actividad el maestro organiza un debate dirigido en el que los alumnos van comentando los distintos aspectos, positivos o negativos, que han ido observando a lo largo de la actividad. Con ello, a la vez que le sirve al maestro como instrumento de observación, aporta a los alumnos un envidiable modelo de la actividad de autoevaluación de la propia expresión oral. Además, de este modo van interiorizando las pautas de comportamiento que tan difícilmente se pueden enseñar de otro modo.   Pero no sólo es aplicable a la lengua oral. Si se trata de una actividad de lengua escrita, el maestro puede pedir que los alumnos vayan expresando qué cualidades le pedirían a un texto escrito, o de qué modo le redactarían ellos aquel texto que les ha pedido como ejercicio. Si realizamos con la participación de los alumnos unas breves, pero muy claras, pautas de observación, habremos logrado un instrumento de múltiples utilidades. Primero los alumnos tendrán una referencia clara de lo que les va a pedir el profesor en la evaluación de su texto. Además, esas pautas se convertirán en patrones de comportamiento ante la lengua escrita y, por ende, en instrumento de aprendizaje.   Com o se ve en los dos ejemplos anteriores, evaluación y aprendizaje, entendidos de este modo, son las dos caras de un único proceso; lo importante es que el niño aprenda y vaya adquiriendo los instrumentos eficaces para el desarrollo de sus capacidades lingüísticas. Además, con estos instrumentos podemos ir también observando no sólo lo que va adquiriendo, sino cómo lo hace y qué tipo de actitudes, respecto a la materia, va teniendo el alumno.   Pero la evaluación tiene otra cara, la necesaria constatación del proceso de aprendizaje del alumno, es decir, el poner notas. Ciertamente, ya se puede ver que con un modelo similar al que hemos ido diseñando, poner notas es una actividad que conviene matizar. No se ponen notas simplemente, se refleja el proceso que está siguiendo el niño y se puede matizar con bastante objetividad cómo se está produciendo. Pero no todo se acaba aquí. Este niño está aprendiendo dentro de un grupo clase y la referencia a los procesos es grupal. Las referencias respecto al niño mismo son importantes, pero también es importante situarlo en el contexto global de la clase. Del contraste entre los dos puntos de vista saldrá una visión más objetiva del proceso del alumno.   Pero esta objetividad puede venir reforzada también por la utilización de instrumentos de medida referida a criterio de «mínimos» que, tomados como lo son, ayudas para el maestro, pueden aportar informaciones que maticen la visión más restringida dentro del grupo clase. Nos estamos refiriendo a trabajos como el clásico de A. Galí sobre La mesura objetiva del treball escolar, en la que va suministrando pruebas objetivas de los distintos aprendizajes básicos, en nuestro caso, la lectura, la escritura y la ortografía. Estos instrumentos no son algo definitivo —hay distintos grupos de profesionales que van mirando de actualizarlas—, ni se han de tomar como referentes ideales, se han de utilizar como medidas que nos vayan marcando hitos en el proceso evolutivo del progreso de nuestros alumnos.   Evaluar en la Etapa Primaria es, por tanto, una función que relaciona el autocontrol de las capacidades lingüísticas, por parte del propio alumno, con las pautas de observación que ha de tener el profesional de la enseñanza. Y a la vez relaciona este proceso con el control del progreso que se hace en relación al resto de los alumnos del grupo clase y con la utilización de instrumentos que objetivicen de un modo más explícito estos aprendizajes.

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