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jueves 29 de octubre del 2020
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La Formación a partir de la Reflexión sobre las propias prácticas docentes. Fundamentos y Acciones a realizar

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Reflexionando en forma sostenida y continua sobre nuestras prácticas docentes, es decir tomando una posición epistemológica sobre ellas, en las instituciones y las aulas, nos permitirá llegar a una resignificación y transformación de la docencia, como eje fundamental en el proceso de formación docente y apuntando al final a un cambio significativo en la educación.

Es fundamental para poder llevar a cabo dicha reflexión comprender su importancia en el trayecto de nuestra tarea, alimentándola con conocimientos específicos para elaborar dicha reflexión de manera correcta, adecuada de forma a llegar a los objetivos, es decir plasmar los resultados de la misma justamente en nuestra tarea cotidiana de docentes.

En este artículo se intentará mostrar en forma teórica la importancia de la Reflexión sobre las prácticas pedagógicas del docente y en forma práctica las acciones a realizar para llegar al objetivo de dicha reflexión, resignificar y transformar nuestras prácticas como educadores en el aula y en las instituciones donde nos desempeñamos.

Se tomará en forma particular el texto de Henry Giroux, “Los profesores como intelectuales”, donde habla sobre las amenazas a las que tiene que hacer frente los docentes de las escuelas públicas, desarrollaremos un análisis sobre el rol del docente en ese ámbito, o más bien del rol que se quiere hacer tomar al mismo.sin autonomía, sin reflexión, sin participación en las diferentes etapas del proceso educativo.

 

 

F UNDAMENTACIÓN

 

El rol docente desde las políticas educativas sostenidas por la “racionalidad instrumental.” Henry Giroux explica que una de las amenazas a las que tiene que hacer frente los docentes de las escuelas públicas es “el creciente desarrollo de ideologías instrumentales que acentúan el enfoque tecnocrático tanto en la formación del profesorado como de la pedagogía del aula.” Uno de los problemas de este modelo en que separa la concepción de la ejecución, se produce una estandarización del conocimiento escolar, y la devaluación del trabajo crítico e intelectual tanto en profesores como estudiantes.

Dicha devaluación del pensamiento crítico nos lleva ineludiblemente a pensar en la falta de libertad, no tener la posibilidad de intervenir en la concepción curricular misma, como dice Freire en “Pedagogia del Oprimido”: La educación como práctica de la libertad, al contrario de aquella que es práctica de la dominación, implica la negación del hombre abstracto, aislado, suelto, desligado del mundo, así como la negación del mundo como una realidad ausente de los hombres. La reflexión que propone, por ser  auténtica, no es sobre este hombre abstracción, ni sobre este mundo sin hombre, sino sobre los hombres en sus relaciones con el mundo. Relaciones en las que conciencia y mundo se dan simultáneamente. No existe conciencia antes y mundo después y viceversa.

Dicho de otro modo no se encuentra ni en los objetivos parciales o finales del modelo tradicional educativo fomentar, incentivar la reflexión por parte de educadores y educandos, por lo cual se torna una tarea transformada en desafío la de implementar este proceso cuando no está incluida dentro del formato tradicional de enseñanza y aprendizaje.

Bajo este modelo de racionalidad instrumental, expresa Giroux, el docente es considerado como “un receptor pasivo del conocimiento profesional y apenas interviene en la determinación de la sustancia y orientación de su programa de preparación.” Las racionalidades tecnócrata e instrumental dentro del campo de la enseñanza reducen “la autonomía del profesor con respecto al desarrollo y planificación de los currículos y en el enjuiciamiento y aplicación de la instrucción escolar.”

Esto se evidencia en lo que se denomina materiales curriculares –a prueba de profesor-, en donde el conocimiento se fracciona y se estandariza para facilitar su gestión y consumo. Y la evaluación es una forma de medición de resultados esperados en carácter cuantitativo.

Este modelo se caracteriza porque hay expertos en currículo, en instrucción y en evaluación, los cuales son los que llevan adelante la tarea de pensar en dichas etapas. Mientras que los docentes son los meros ejecutores de esos pensamientos.

El rol docente como un intelectual transformativo.

La idea es pensar a los profesores como intelectuales transformativos, siendo la herramienta fundamental para lograr dicha idea la reflexión de los mismos, analizando su tarea día a día, para de ese modo lograr la transformación de su rol, a una más participativa adaptada a su tiempo, a su entorno social, en síntesis a transformarnos en docentes progresistas.

Toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento y existe la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica. Así Giroux propone pensar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza.

Este modelo critica al racional instrumental, en donde los docentes son meros ejecutores. Los profesores deben ejercer activamente la responsabilidad de plantear lo que enseñan, sobre la forma y los objetivos generales. Tienen que desempeñar un “papel responsable en la configuración de los objetivos y las condiciones de la enseñanza escolar,” dice Henry Giroux.

Y propone pensarlos como activos y reflexivos, con funciones sociales dentro de una sociedad libre y democrática. Es interesante ver a las escuelas como lugares económicos, sociales, culturales ligados al poder y el control. Son lugares de luchas simbólicas y no son neutrales, por eso es imposible concebir al docente como neutral. El intelectual transformativo tiene la necesidad de conseguir que “lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico”.

 

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ACCIONES A REALIZAR

 

Reflexionar sobre nuestras prácticas docentes

Analizando el modelo y contexto tradicional de educación, podemos determinar que la única forma de lograr esa transformación hacia una docencia con pensamiento crítico es tomando una posición epistemológica sobre nuestras prácticas y relaciones como educadores, relaciones como docentes con nuestras prácticas en el aula con los educandos, con la sociedad, con la comunidad educativa y con la institución en la cual nos desempeñamos.

La formación docente debe tener como eje la reflexión continua sobre las prácticas y no el llevar a cabo en forma estricta y rígida el currículo impuesto por la burocracia basada en la dirección y opinión de expertos sin la participación del educador.

La reflexión continua sobre nuestras prácticas pedagógicas más la toma de posición crítica que corresponda marcan un camino de formación continua permitiéndonos transformarnos en verdaderos educadores dialógicos.

Como docentes deberemos aprender a tomar posición epistemológica, tomando distancia de nosotros mismos y objetivando nuestras prácticas pedagógicas, siendo esa la única manera de mejorar permanentemente. La tarea de reflexionar, pensar y repensar nuestras prácticas uniendo, buscando coherencia entre lo que decimos y lo que realmente hacemos.

El educador debe estar en constante alerta crítica, continuamente, analizando todo nuestro contexto, es decir además de nuestras propias prácticas también realizar una lectura crítica de nuestra realidad, pues como dijimos anteriormente sólo con coherencia, autocrítica se producirán cambios reales, virtudes principales como afirma Freire de los educadores progresistas.

Esa reflexión es buscar la razón de ser de los hechos que suceden, saber porque pasa lo que pasa, pero saliendo del contexto concreto, práctico y analizarlo desde el punto de vista o contexto teórico. Ese proceso de tomar distancia se debe dar para tener una visión más amplia e independiente de las cosas, debemos pasar del hacer sin pensar, al pensar el hacer, es decir dar vuelta el proceso y pensamos nuestro hacer, tomando una posición filosófica sobre lo que se toma como naturalizado y de lo que no nos damos cuenta, que pasan inadvertidas, como lo son el enseñar y el aprender.

 

La Formación del Docente desde la reflexión

Llevar a cabo la formación de los docentes desde la reflexión continua, guiada y apoyada teórica, ideológica y metodológicamente deberá tener como puntapié inicial un cambio en nosotros mismos, pues no existe una receta pedagógica – didáctica para ello. Incluso si consiguiéramos elaborar una propuesta, una guía para llevarla cabo, esta deberá ser reinventada constantemente, adaptada a los diferentes contextos en el que nos desempeñemos.

La tarea de resignificar y transformar la docencia se dará desde la reflexión sobre sus conductas y prácticas, respecto de la sociedad y el mundo, donde somos ciudadanos; de la comunidad educativa, de la institución donde nos desempeñamos como educadores, de los objetivos de la educación, de los contenidos programáticos de la educación, de las relaciones de enseñanza – aprendizaje, de la metodología de estudio y lectura y de la evaluación y la acreditación.

 

Los profesores como intelectuales transformativos

Como alternativa a un ejército de transmisores de conocimiento, Henry Giroux propone un colectivo organizado de profesores como intelectuales transformativos. Dicha categoría de intelectuales es planteada por Giroux desde la siguiente perspectiva:

• Superar la concepción de los y las docentes como técnicos o instrumentistas para mirarlos como sujetos reflexivos del mundo, las realidades educativas y sus acciones en ella.

• Propone categorías y prácticas político-pedagógicas que les permite ser intelectuales, críticos.

• Rescata el papel de los profesores y profesoras en la elaboración, validación, desarrollo y evaluación de las pedagogías que ellos mismos utilizan y aprueban.

Como vemos en las ideas de Giroux, la reflexión es el arma fundamental del educador para poder llegar a ese fin, el producir un cambio en los procesos de formación, que lleven a los educandos a obtener , a implementar un pensamiento crítico, pero ese cambio de formación debe nacer en los docentes mismos, en ellos debe nacer el pensamiento reflexivo para inducir a sus alumnos a seguir por ese mismo camino.

Giroux dice, si los profesores han de educar a los estudiantes para ser ciudadanos activos y críticos, deberían convertirse ellos mismos en intelectuales transformativos, ellos mismos aplicar la reflexión, el pensamiento crítico. Y ello implica reconocer y tomar postura ante las bases ideológicas que sustentan los discursos en el proceso educativo, las relaciones de poder-conocimiento que se imponen, las luchas políticas y de valores, las interpretaciones del mundo, la historia y el cómo se conoce que se dan en las escuelas y ni los profesores, ni quienes les imponen discursos lo son.

Finalmente podríamos proponer la transformación de los educadores y educadoras, aplicando la reflexión, y siguiendo la propuesta de Giroux:

 

Hacer lo pedagógico más político:

• Incluir discusiones y propuestas sobre los asuntos públicos, de la comunidad y de la vida diaria.

• Develar las luchas de poder conocimiento que se dan en los espacios formativos.

• Insertar reflexiones y acciones para superar las injusticias y desigualdades.

 

Hacer lo político más pedagógico:

• Desarrollar prácticas pedagógicas desde intereses políticos liberadores.

• Generar pensamiento reflexivo en los y las estudiantes con miras a que ejerzan la ciudadanía crítica.

• Problematizar el conocimiento y el mundo.

• Establecer relaciones dialógicas e inclusivas que permitan llevar luchas equitativas para la dignidad de las personas.

Lejos del profesor o profesora pasivo, obediente y autómata ante la experiencia educativa, Giroux nos propone ejercer el justo derecho-deber de tomar posición ante las injusticias, relacionarnos de manera dialógica con el otro y la otra, generar desde la escuela y demás espacios formativos el cuestionamiento del mundo para la formación crítica de ciudadanos, ciudadanos transformadores.

En síntesis, la reflexión y análisis crítico sobre nuestras prácticas docentes en todos los ámbitos y contextos ya detallados, será fundamental para lograr la resignificación y transformación de las mismas de forma a llegar a una formación más progresistas, a transformarlo al docente en progresista y dialógico, lo que permitirá promover en los educandos un pensamiento también crítico sobre la realidad.

 

BIBLIOGRAFÍ ; ;A

  • GIROUX, H., (1990): Los profesores como intelectuales. Hacía una pedagogía crítica del aprendizaje. Barcelona: Paidós y M.E.C.
  • FREIRE, P. (1998): Pedagogía de la autonomía. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
  • LENS, José Luis (2001): Paulo Freire: su praxis pedagógica como sistema. Instituto Paulo Freire (IPF) de San Pablo. UNCPBA. Buenos Aires: Editorial Yague.
  • Unidad II: Unidad II La toma de posición epistemológica sobre las prácticas pedagógicas.  Licenciatura en Tecnología Educativa – UTN FRBA (Archivo PDF).

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