Anunciese Aquí

Registro automático

Acceder con Twitter

top articulo
twitter
facebook
Rss
jueves 29 de octubre del 2020
Lea, publique artículos gratis, y comparta su conocimiento
Usuario Clave ¿Olvidó su clave?
¿Iniciar sesión automáticamente en cada visita?
Inserte su correo electronico

Nostalgia de una editorial

veces visto 1489 Veces vista   comentario 0 Comentarios

Nostalgia de una editorialLa palabra comic me trae gratos e inolvidables recuerdos. Y no puedo por menos relacionarla con la Editorial Bruguera en donde estuve trabajando 9 años en un departamento de la segunda planta del edificio situado en la calle Camps i Fabrés, de Barcelona. Años antes, mi único conocimiento de tamaña empresa eran los tebeos que regularmente cada semana, sobre todo en época estival, llegaban a mis manos, mi vista y a mi olfato, pues sus páginas desprendían un olor muy peculiar. A modo de recordatorio la Editorial Bruguera, llamada El Gato Negro en sus inicios, se creó en Barcelona, en el año 1910 y se especializó en libros de bolsillo, revistas de comic de humor y literatura juvenil. Cuando pisé por primera vez sus pasillos corría el año 1976. Habiendo finalizado el curso escolar ocupé el puesto de pasante a tinta formando parte de un equipo cuya único fín era pasar a tinta los dibujos de los creadores de historietas de cómic. Algunos autores pasaban a tinta sus propias historietas. Pero otros, debido a su gran volumen de trabajo, debían delegar si querían ver aumentar su productividad. Éste era el caso de Francisco Ibañez, el creador de Mortadelo y Filemón y otros tantos personajes. Su gran imaginación y creatividad, productividad y profesionalidad proporcionó durante muchos años un filón inagotable de historietas -y beneficios- convirtiéndose muy pronto sus personajes en los más populares de España. Aunque él mismo pasaba a tinta - con extraordinaria calidad- buena parte de su creación, no obstante se creó éste equipo, para ayudar a agilizar su obra. Siete personas a diario, durante años, nos dedicamos a hacer visibles sus dibujos. Os explicaré el proceso. Nuestro jefe entregaba a cada uno una página. En ésta había dibujada a lápiz una historieta compuesta por cuatro tiras horizontales paralelas entre sí y en cada tira había tres o cuatro recuadros (una historia completa de una revista podía estar formada por ocho o diez páginas). El tamaño de ésta era el doble de grande que las que luego veíamos impresas. La razón era para facilitar al dibujante trabajar mejor los detalles del dibujo y como no era muy cómodo pasar a tinta una página tan grande, la recortábamos por la mitad y nos quedábamos con las dos tiras que he mencionado antes. Cuando completábamos la página entera a tinta uníamos las dos partes con celo. Para lograr que fueran perfectamente visibles los dibujos en la impresión hacía falta repasar a tinta por encima de cada línea a lápiz. Y ese era nuestro cometido: volver a dibujar, ésta vez con tinta, el dibujo a lápiz. Para ello utilizábamos una plumilla sujeta a un mango, la sumergíamos en un pote de tinta china y, con mucha delicadeza, pulso y buen hacer, íbamos repasando todas y cada una de las líneas a lápiz. Había que afinar mucho el trazo de la plumilla sobre todo con los ojos y narices de los personajes. Cuando en la plumilla ya no quedaba rastro de tinta, de nuevo la bañábamos en el pote. Había que introducir la cantidad justa para cargarla bien, sin hundirla demasiado. Con el tiempo percibías, por el peso de la plumilla, si tenía tinta o no. Había que proveerse de un buen pulso que, gracias a Dios, llegué a adquirir. Disfrutaba mucho y, con la perspectiva que dan los años, esa dedicación me sirvió para aprender a dibujar. Pasar a tinta creaciones de grandes profesionales ayudó a pulirme y crear un estilo que en los años posteriores me fueron valiosísimos. Como mi tinta tenía calidad me daban a menudo las portadas de las revistas en donde aparecían Mortadelo y Filemón. Ésta página era enorme pero ésta vez no se podía cortar. También teníamos que pasar a tinta todas las onomatopeyas relacionadas con golpes, gritos, caídas,..Una vez pasados a tinta los dibujos venía la peor parte. Todo lo que iba en color negro se tenía que rellenar con tinta y un pincel. Imaginaros la cantidad de tinta china que se utilizó solo para rellenar el traje de Mortadelo. ..Y no faltaba en nuestro material las cuchillas gilettes (sí, las que se utilizaban para afeitar). Con ellas se podía rascar, con muchísimo cuidado, cualquier manchita de tinta fuera de sitio así como guache blanco que deslizábamos con un pincel para tapar alguna imperfección. Y para finalizar sólo quedaban los “bocadillos”. Así llamábamos a los textos que parecían salir de las bocas de los personajes. Nos ayudábamos de plantillas ovaladas o circulares y con un rotring trazábamos el óvalo. Al terminar la jornada debíamos apuntar en una hoja de trabajo nuestra producción. Me llevo un nostálgico y bonito recuerdo de esos años así como un pequeñísimo tatuaje que aún conservo cuando en una ocasión la plumilla llena de tinta se me clavó en un dedo…

Clasificación: 1.5 (14 votos)
Está prohibido copiar este artículo. Artículo.org no permite la sindicación de sus artículos.
Acerca del autor
No hay información sobre este autor.
¿Tiene comentarios o preguntas para el autor?

Lo sentimos, pero no podemos procesar su petición en este momento. Por favor pruebe mas tarde. Si el problema persiste, puede contactar con nosotros pinchando sobre el enlace aquí.