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jueves 23 de septiembre del 2021
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Currículum: Un Acercamiento Al Currículo Oculto Parte II

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Currículum: Un Acercamiento Al Currículo Oculto Parte II

En la obra “FORMACIÓN EN COMPETENCIAS PARA LA GESTIÓN ESCOLAR EN CONTEXTOS DE POBREZA”, su autora Liliana Jabif, plantea las siguientes interrogantes:

       ¿Acaso lo que se enseña y se aprende es solamente lo que está explícito en los documentos?

      ¿Los alumnos aprenden lo que los docentes dicen enseñar?

      ¿El centro educativo enseña solamente en el espacio áulico?

Concluye la autora que, “estas preguntas han conducido a diversos autores a trabajar la temática del currículo oculto y del currículo nulo.”

Siendo éstos, temas de un gran alcance y por lo tanto ampliamente tratados en documentos diversos del currículo, nos limitaremos a comentar brevemente, en este y otros artículos, cada una de las interrogantes expuestas por la autora. Comenzaremos con la primera interrogante:

¿Acaso lo que se enseña y se aprende es solamente lo que está explícito en los documentos?

En la obra supra citada, la autora apunta:

“Con frecuencia se considera al currículo como un documento de carácter oficial, en el cual se indican una serie de prescripciones respecto de la enseñanza por desarrollar en la escolaridad. Este documento, de carácter oficial, llamado currículo prescripto, contiene las orientaciones fundamentales del conocimiento por enseñar”.

La autora reconoce, la existencia de un documento de carácter oficial (llamado currículo prescripto), y que, a la vez, este documento contiene una serie de prescripciones respecto de la enseñanza por desarrollar en la escolaridad. Que este documento, de carácter macro, contiene las orientaciones fundamentales del conocimiento por enseñar.

Coincidimos con la autora en la existencia de tal documento de carácter oficial (o quizás podríamos hablar de: documentos) y, más aún, la experiencia nos enseña del alto grado de obligatoriedad en el cumplimiento del mismo, como “escrito en piedra”, dígase lo que se diga. Es por eso que los educadores y las educadoras, así como los administradores y demás personal administrativo de los diferentes centros educativos, se “ahogan” en papeles, calendarios, fechas, actividades, reuniones, comisiones, efemérides, y mucho más que se podría mencionar, que a la postre se pierde el verdadero sentido de la educación, entendida esta como una adecuada gestión curricular, de acuerdo con la conceptualización de que “…el currículo debe integrar las dimensiones didácticas, es decir los procesos de interacción en el aula (Doyle, 1992).

De ahí nuestra afirmación en un artículo anterior en el que apuntamos:

“…es mediante el conocimiento de dichos elementos, que podemos conocer otros ‘elementos mayores’, que, para efectos de una adecuada comprensión y gestión curricular, cobran mayor relevancia y provocan la discusión, el análisis, el consenso y consecuentemente, los cambios y ajustes necesarios, de acuerdo con el tiempo, el espacio, el entorno político, económico, cultural y social; lo que, en mi criterio, y que también parece estar siendo reconocido en los principales ámbitos de competencia, no está siendo manejado adecuadamente.

Obsérvese que, dos elementos considerados en nuestra visión, los constituyen: el tiempo y el espacio; aspectos que, desde una perspectiva de equidad cobran gran significado, en el desempeño del docente, actor principal de la gestión curricular.

¿Qué se pretende decir con lo anterior?

En primer lugar, que los educadores están saturados de actividades que los obligan a ocupar sus horas de descanso, en actividades curriculares en su hogar y hasta en actividades mal llamadas extracurriculares (que mediante un análisis objetivo se convierten en curriculares. Esto, por cuanto se les considera extracurriculares desde el puesto de vista del currículo prescripto). Tiempo que debiera ser de dedicación a la familia, a la recreación, al descanso, e inclusive a la superación. Todo lo anterior, a diferencia de otros trabajadores, tanto de la función pública como de la función privada, quienes una vez cumplida su jornada diaria, normalmente de 8 horas, pueden despreocuparse de sus labores y disfrutar de sus horas de descanso.

En nuestro próximo artículo nos referiremos a la segunda interrogante de la autora: ¿Los alumnos aprenden lo que los docentes dicen enseñar?

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Acerca del autor

Félix Miranda Quesada Consultor de Negocios Contador Público Autorizado http://www.grupomiranda.co.cr Te espero en nuestra empresa para que crezcamos juntos: Félix Miranda Quesada http://www.felixmiranda.com

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