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viernes 25 de septiembre del 2020
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Educación y empresa

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Nosotros no la compartimos tal como muchas veces se la presenta. Mantenemos que la educación va mucho más allá de la adquisición de una habilidad, de un know how particular. La educación es en realidad la adquisición de una "segunda naturaleza", de un hábito mental, como decían los antiguos maestros, que impregna toda la conducta y todo el saber. El hábito de aprender es lo que distingue al hombre civilizado. Pero debemos reconocer que los cambios globales de la última década han sido tan prodigiosos que la enseñanza formal no ha logrado todavía incorporarlos con acierto. Entraremos con nuevos hábitos, buenos y malos, en la educación del tercer milenio. A nuestro entender esto es evidente en la incomprensible marginación de la educación respecto de las tres actividades de mayor crecimiento del mundo, la llamada triple T de las telecomunicaciones, turismo y transporte. Las escuelas siguen considerando a las telecomunicaciones como un gasto y no como una inversión esencial. La educación a distancia y la presencial continúan en pugna en lugar de complementarse. En cuanto al turismo son contadas las iniciativas educativas valiosas y sistemáticas al respecto. En general se reducen a viajes escolares de fin de curso, sin llegar a crear un ambiente propicio para la instrucción in situ, fuera de los muros de la escuela. Pero nadie negaría, por ejemplo, que la mejor manera de aprender un idioma es vivir en el lugar donde se lo habla. Finalmente, las nuevas tecnologías de la construcción permiten crear escuelas, talleres y laboratorios móviles, estructuras funcionales más abiertas y flexibles, bien equipadas y transportables, y no fijas y cerradas entre paredes de ladrillo. ¿Veremos tal vez algún día aparecer un "campamento educativo" de nuevo estilo, perfectamente equipado y conectado por red? Reconocemos que el sistema educativo tradicional se encuentra muchas veces separado del resto de la sociedad y que ésta, incluso, la percibe a menudo, y paradójicamente, como una rémora, un obstáculo para su desarrollo. Lo repetimos, las instituciones educativas como tales, son las más reacias a la globalización. Pero aquellas que no se abran al mundo real, que no cambien radicalmente en su modo de enseñar a las nuevas generaciones que vivirán en el siglo XXI, serán eliminadas por la misma sociedad, como está sucediendo con industrias y servicios obsoletos. La educación deberá abandonar definitivamente el aislacionismo en el que se ha enquistado, renunciar a privilegios anacrónicos e integrarse debidamente en la sociedad abierta. Pensamos que en este proceso de globalización de la educación las empresas jugarán un papel protagónico cada día más importante. En efecto, las empresas (exitosas) saben adaptarse a los cambios del mercado con mucha rapidez; la educación no siempre sabe hacerlo, es lenta y muchas veces reacciona tarde a los cambios. Las mejores empresas conocen muy bien la relación costo/ beneficio y hacen lo posible para mejorar su producto final, procuran una calidad total, corrigen sobre la marcha y no esperan un examen final para rechazar un producto. En la educación estas ideas (en la jerga empresaria lean production) parecen extrañas, aunque algunos pioneros han comenzado a aplicarlas. Tampoco se penaliza una "mala práctica" en la enseñanza como en la medicina o en la ingeniería. Los responsables no están habituados a dar cuenta satisfactoria de los resultados estrictamente educativos de los ingentes recursos utilizados en la formación (demasiado prolongada a veces) de los alumnos, como es la obligación de las empresas frente a sus accionistas. Por eso deben ser bien recibidas las evaluaciones externas y auditorías educativas que comienzan a aplicarse en algunos lugares. Por otra parte, la práctica empresaria puede ser estimulada en el colegio, como se hace a veces con gran éxito en iniciativas comerciales dirigidas por grupos de alumnos (tipo Junior Achievement). A su vez, como contrapartida, las propias empresas deberán convertirse en centros educativos permanentes. Felizmente, son cada vez más numerosas las empresas comprometidas con la educación de su personal. Por ahora se la llama "capacitación", para diferenciarla de la educación formal, pero pronto descubriremos que estamos hablando del mismo proceso educativo. En efecto, muchas empresas tienen vínculos con universidades, algunas con establecimientos secundarios y técnicos (pero muy pocas con el nivel primario). La pregunta es: ¿por qué siguen tan desconectados aún el mundo del trabajo y el mundo de la educación? Y sus derivadas: ¿no podrían ambos interactuar mejor y complementarse? ¿qué diferencia hay, realmente, entre aprender y trabajar? ¿se puede aprender sin trabajar? o ¿se puede trabajar sin aprender?

Tomado de: http://www.byd.com.ar

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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