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domingo 08 de diciembre del 2019
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Siguen los recuerdos

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Ayer sábado 23 de abril del año en curso, me disponía ir a trabajar con la agrupación musical, de la cual soy integrante; y el percusionista de la agrupación – comentando sobre la partida de Eddy Martínez – me dijo que no había visto en ningún diario (periódico) local, alguna mención sobre la partida de Eddy.

Sin menospreciar la de otros, que sí tuvieron gran pompa y atención de los medios de comunicación (Zambo Cavero, Lucho Barrios), creo que Eddy Martínez, mereció un homenaje igual o mejor que los anteriores. Pero no importa – y eso lo diría él -.  El homenaje se lo haremos nosotros, que lo conocimos personalmente, en nuestros corazones.

Es impresionante enterarme con el transcurso de los días – después de la partida de Eddy -, la cantidad de personas a las cuales Eddy conocía y quería. Mi amigo Dante, también lo conocía y me escribe sobre Eddy una nota. La cual quiero compartir con todos los que me siguen en la lectura, porque me parece excelente. La nota dice lo siguiente:

-“Hermoso tu artículo sobre Eddy Martínez, Andrés, hermano, porque describe exactamente lo que era él, un maravilloso cantante, un caballero a carta cabal y mejor amigo. El espíritu amical que describes lo hacía querido por todos. Era muy modesto y humilde como lo son únicamente los grandes de verdad.

El último chiste que nos contó a mi hermano y a mí, cuando circunstancialmente nos encontramos en el mercado de Palomino – donde yo vivo y donde él también tenía una casa -, trataba más o menos… (Soy muy malo para los chistes), sobre una señora que tenía muchos hijos y a quienes había bautizado con el nombre de: Carlos. Un señor al enterarse le pregunta: “Señora, pero si tiene que llamar a uno de ellos ¿Cómo hace para no confundirlos?” – “Ah muy fácil señor – responde la señora -, los llamo por su apellido”.

Y, la última vez que pude escuchar su voz cantándome su cariñosa serenata, fue en febrero del año pasado, 2010. Este año extrañé con mucho dolor no recibir su llamada. Ya estaba en la Maison de Santé, aguardando el llamado de Dios. Felizmente hace algo más de diez días alcancé a visitarlo y a espectar con él, “El satánico Dr. No”, la primera de James Bond, que le había llevado su hijo y que pudimos ver en la laptop que tenía frente a él, y desde la cual seguía comunicándose por su correo ‘edimarbe’. Lo vi igualito de semblante, sonriendo mientras me recibía haciéndome el ademán de abrazarme – obvio – con la mascarilla de oxígeno puesta, mientras la enfermera le tomaba las pulsaciones cada 3 o 5 minutos, previniendo una descompensación repentina.

Descansa en paz, hermano Eddy. Ya te liberaste, ya no sufres. Ahora le das serenatas al Creador y, seguro, siempre buena gente, intercederás por todos nosotros ante El. Hasta luego gran amigo, ya nos veremos, cualquier día.

Andrés, gracias por tan bellas palabras. Un abrazo para ti. Cariños a Adriana.

Dante” -.

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Acerca del autor

Andrés Arbulú Martínez

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