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viernes 21 de febrero del 2020
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Evolución del espacio como custodia

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Ya en el IV milenio a.C. las tablillas se guardaban y custodiaban en una dependencia del templo a la que sólo tenían acceso ricos, nobles, reyes y clero, pero con el paso de los años estas dependencias se separaron, e incluso hubo alguna dedicada al personal bibliotecario. Hasta la Edad Media son tres las bibliotecas, Alejandría, Pérgamo y Constantinopla, que destacan por la grandiosidad de sus instalaciones y por la cantidad y calidad sus de fondos bibliográficos dedicados básicamente a la salvaguardia. Ptolomeo I fundó la Biblioteca de Alejandría, la cual llegó a tener bajo su protección más de 700.000 volúmenes o rollos de papiro. Fue construida con el fin de albergar todo el registro de la memoria humana. Debido a su amplitud documental fue necesario llevar a cabo una organización y almacenaje de la información que permitiera identificar las obras. La Biblioteca de Pérgamo (197-159 a.C.) desarrolló un ansia de saber como nunca antes, fruto de los contactos entre oriente y occidente. Fue una de las grandes joyas de la antigüedad llegando a reunir más de 200.000 volúmenes. Se encontraba dentro de un recinto sagrado. En las excavaciones arqueológicas se pudo observar que los muros exteriores estaban formados por dobles muros a modo de cámara para proteger los fondos de los cambios climatológicos lo que nos habla de una preocupación por la conservación. Durante el siglo III encuentra su origen la biblioteca de Constantinopla, que albergó cerca de 100.000 volúmenes aproximadamente. Hacia el siglo IV, las bibliotecas se amparan en la Iglesia. Tanto en Italia, como en Francia y España comienzan a situarse dentro de las basílicas, monasterios, iglesias, etc. En esta época fueron los religiosos quienes optaron, mayoritariamente, por salvaguardar y proteger el material bibliográfico. El acceso sólo estaba permitido a personalidades y clérigos. El conocimiento, que había sido custodiado durante siglos en las bibliotecas monacales, empieza a ser custodiado en las escuelas catedralicias y posteriormente en las bibliotecas de las universidades, hecho que provoca una incipiente apertura de las bibliografías a una minoría universitaria privilegiada.

Evolución del espacio para consulta

A lo largo de los siglos se produce un cambio en la concepción de lo que es la biblioteca; de ser meros almacenes se transforman en espacios de consulta y del saber por la conjunción de varios factores, como la evolución en los soportes documentales y sus accesos, los avances en la concepción de las construcciones e inventos como la imprenta y la tinta. Todo ello conduce a las bibliotecas hacia una función más social, incrementando el acceso, la demanda y la alfabetización. Las primeras bibliotecas universitarias, creadas en la segunda parte del siglo XII, como la de París o la de Bolonia, depositan y guardan los libros en armarios ubicados en las salas de lectura y consulta, disponiendo también de depósitos con funciones de custodia y preservación. Los fondos bibliográficos son accesibles para toda la comunidad estudiantil, y despiertan un gran interés. El préstamo de documentos estaba permitido en algunas bibliotecas dependiendo de la duplicidad de los documentos y del perfil del usuario (docente, investigador o estudiante). Cabe destacar en estas edificaciones dos secciones, una con fines exclusivamente de consulta (es curioso encontrar libros encadenados a las propias mesas y estanterías para evitar tentaciones de sustracción), y otra, donde se ubicaban las obras duplicadas, las cuales podían ser sacadas del centro. Durante el siglo XIII aparecen los primeros tratados de biblioteconomía, con el fin de ofrecer servicios a los estudiantes y usuarios como el préstamo de libros, hecho que influye en el planteamiento de la distribución bibliotecaria. La imprenta, como instrumento de mayor producción impresa, fue decisiva en el surgimiento del Renacimiento cultural europeo. Fomentó la educación, influyendo de forma directa en la evolución de las bibliotecas hacia una función más social, con el acercamiento del saber a un gran número de ciudadanos. El uso y disfrute de los centros se generaliza, bien para consultas, investigaciones o aprendizaje, floreciendo las primeras Bibliotecas Nacionales, creadas por reyes y príncipes, con la responsabilidad de colectar, mantener y preservar la literatura nacional . En el mundo anglosajón, durante el siglo XVIII, aparecieron dos tipos de bibliotecas, las parroquiales (por girar en torno a las parroquias) y las de asociaciones (creadas para la adquisición cooperativa de libros); ambas utilizaban la lectura pública como forma de promoción de los libros, dando pie en el siglo XIX a las actuales bibliotecas públicas, las cuales supusieron un acercamiento de los libros para la formación profesional, moral y recreo de la población. En Estados Unidos, gracias a Andrew Carnegie, se desarrolló un sistema bibliotecario de primer nivel, modificando el concepto de biblioteca iniciado con las primeras bibliotecas universitarias. Es aquí donde realmente las bibliotecas comienzan a concebirse como instituciones educativas y no como archivos de memoria. Diversos aspectos permiten denominar a los Estados Unidos como el padre de la biblioteconomía moderna, como la creación de las primeras reglas de catalogación (Cutter y Dewey) y sistemas de clasificación, el establecimiento de escuelas de biblioteconomía en universidades, la creación de las primeras asociaciones, como la American Library Association (ALA), la aparición de las primeras publicaciones periódicas sobre la temática, como Library Journal, y la edificación de grandiosas bibliotecas como la Library of Congress. se construyeron espaciosos edificios funcionales para albergar gran diversidad de materiales como libros, cuadros, mapas, planos, gráficos, etc. La comodidad de los usuarios fue de vital importancia para la consulta de bibliografías, y se facilitó el acceso mediante la ordenación de la misma. Los libros deteriorados, valiosos y muy usados fueron albergados en seguros depósitos diseñados contra eventos catastróficos como inundaciones, incendios, robos, etc. Se idearon diversos medios para la extensión bibliotecaria, tratando de eliminar barreras físicas, geográficas, económicas y sociales, como el envío de documentos por correo, la apertura de delegaciones, y los amplios horarios, y se ofrecieron servicios de asistencia a los lectores, lecturas de ocio e información referencial. Debido al crecimiento de la población, el número de lectores, el desarrollo económico, el crecimiento de publicaciones, tanto de monografías como de revistas, en el siglo XX se produce una expansión tanto del número de bibliotecas como de la diversificación de la oferta (bibliotecas escolares, universitarias, especiales, científicas, públicas y nacionales). Se abordan soluciones al espacio de las instalaciones bibliotecarias pudiéndose distinguir dos periodos en cuanto a su arquitectura y funcionalidad. El primero comprende desde principios del siglo XX, con la construcción de proyectos faraónicos, y el segundo a partir de 1960 teniendo como objetivo la funcionalidad apoyada en las automatizaciones y tecnificaciones en los procesos de construcción. Ambos se encuentran enlazados. El crecimiento de las colecciones de principios del siglo XX provoca un cambio conceptual en la construcción de bibliotecas destacando el diseño y edificación de dos tipologías: las construidas en sentido vertical y las que poseen una planta circular.

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Acerca del autor

Comp. Javier Mejía T. www.exagonobibliotecario.blogspot.com

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