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viernes 28 de febrero del 2020
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La Natación: Potencia tu cuerpo y tu mente.

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La Natación: Potencia tu cuerpo y tu mente.Cuerpo y mente: una unidad.

Todos sabemos las repercusiones que el cuerpo tiene sobre la mente y a la vez la enorme influencia de la mente sobre nuestro cuerpo, capaz de producir las más variadas enfermedades psicosómaticas.

Partiendo desde este punto de vista todo aquello que contribuya a potenciar el cuerpo favorece también la mente humana (“Mens sana in corpore sano”). La natación, considerada como uno de los deportes más completos, es a la vez una útil herramienta para conseguir el equilibrio mental y disminuir las tensiones psíquicas.

El planeta azul.

En un planeta en el que tres cuartas partes de su superficie están cubiertas de agua, la natación es un deporte casi tan viejo como el mundo. Del mismo modo, mucho antes de andar sobre la tierra, nos movemos en el mundo líquido del seno materno. Podemos, incluso, afirmar que nadamos antes de nacer.

Sin embargo, nada no es flotar, chapotear o simplemente bañarse. Para un monitor de natación, un alumno sabe nadar cuando es capaz de recorrer una distancia de 300 a 500 metros, sin hacer pie, con un estilo satisfactorio y sin cansancio exagerado. Para que sus beneficios, tanto físicos como psíquicos, puedan sentirse realmente, hay que practicar la natación con ánimo, energía y regularidad.

Un deporte completo.

En el mundo deportivo se dice que la natación es el deporte más completo que existe, puesto que implica al conjunto del cuerpo y no provoca una tensión muscular nociva. No podemos menos que unirnos a esta opinión cuando constatamos la larga lista de efectos beneficiosos que la práctica regular de la natación puede aportar a todos los que se dedican a ello. Lo que la hace única es, ante todo, el medio físico en el que se practica: el agua.

El agua.

El hecho de estar inmerso en el agua transforma las sensaciones: toda la epidermis entra en contacto con otro elemento y nuestras posibilidades motrices y sensoriales se multiplican. El agua suprime, efectivamente, el 90% del efecto de peso del cuerpo, lo que da la impresión de flotar, de desafiar a la gravedad, de volar. Los movimientos se realizan con más ligereza, más distensión y, sobre todo, exigen menos esfuerzo que si fueran realizados en el suelo. Así, aunque la natación exige cierta fuerza, es considerada una gimnasia suave y dulce para el cuerpo, puesto que los riesgos de accidentes, de heridas y de tropiezos debidos a la resistencia de las superficies duras, son casi inexistentes. El agua procura, además, una satisfacción sensual incomparable: es lo que le da ese poder de relajación para el cuerpo y para el espíritu.

Las ventajas de una práctica continuada.

Cuando el cuerpo está inmerso en horizontal, el trabajo del corazón es más eficaz que en posición vertical. Al no estar obligado a luchar contra la gravedad, bombea entre un 10% y un 20% más de sangre sin esfuerzo añadido. La natación aumenta así la eficacia de las contracciones cardiacas, aumenta el volumen de sangre circulante y disminuye las resistencias vasculares periféricas. El corazón, como todo músculo ejercitado, se hace más potente y los vasos sanguíneos más flexibles, disminuyendo de esta manera los riesgos de enfermedades cardiovasculares.

La natación mejora enormemente la eficacia del aparato respiratorio. Ensancha los pulmones y aumenta su poder de oxigenación.

La natación ejercita los grandes grupos musculares del cuerpo de manera armoniosa, sensible y distendida y aún más, cuando se practican diversos estilos. Alarga suavemente los músculos, pues no tienen que soportar el peso del cuerpo. Esto evita las contracturas musculares y modela el cuerpo de manera equilibrada. La natación fortalece y consolida los músculos de los brazos, de los hombros, de la espalda, cintura y piernas, haciéndoles trabajar de forma sincronizada.

La natación contribuye, igualmente, al control del peso. Por sus efectos sobre la musculatura, estiliza la silueta. Pero, sobre todo, cuando es practicada de una forma regular y constante, constituye un ejercicio intenso que quema una importante cantidad de calorías. Ciertos estudios han demostrado, que incluso una vez que el ejercicio ha terminado, el consumo metabólico permanece elevado, facilitando así la quema de grasas. Además, disminuye la tensión nerviosa.

Como el peso del cuerpo es soportado por el agua, las tensiones articulares quedan reducidas al mínimo. La natación permite a las articulaciones conservar su amplitud y su elasticidad.

Además de sus efectos positivos sobre el sistema cardiovascular, la natación mejora la digestión, disminuye la presión arterial sanguínea y baja la tasa de colesterol en la sangre.

Desde el punto de vista nervioso, la natación asegura una mejor coordinación de los movimientos. Estimula el sistema nerviosa central y produce una mayor vitalidad. Como el cerebro y el cuerpo están mejor irritados, mejora considerablemente las funciones cerebrales. Por sus cualidades específicas, el medio acuático permite una relajación notable, equilibrando el sistema nervioso y la psique.

Por sus movimientos amplios y simétricos, por la ligereza del cuerpo provocada por la densidad del agua, la natación resulta ser el deporte ideal para corregir los dolores lumbares y las deformaciones de la columna vertebral.

Enseña al organismo a tolerar los cambios de temperatura, lo que se traduce en una mayor capacidad para  evitar catarros y enfermedades respiratorias provocadas por el frío. El cuerpo adquiere una mayor resistencia, mejorando de manera general la condición física.

La natación es uno de los deportes con menos contraindicaciones. La medicina utiliza este deporte como terapia. La natación se recomienda los obesos, a los minusválidos, a las personas que padecen de escoliosis, enfermedades nerviosas y mentales. Es ideal para las mujeres embarazadas, porque aligera, tonifica la cintura abdominal y activa la circulación venosa. Finalmente, algunos estudios sugieren que la natación frena el proceso de envejecimiento.

El equipo.

La natación, junto con la marcha, es uno de los deportes más económicos. Las playas, las orillas de lagos y ríos y el mar son todavía gratis y el desembolso para entrar a las piscinas es mínimo. En realidad, el único gasto importante es el bañador. Elegiremos un bañador que se adapte al cuerpo y que ofrezca poca resistencia al agua. Debe ser ligero, elástico y confortable.

El gorro de baño, a veces obligatorio en las piscinas, impide que se desequen los cabellos por el agua clorada o salada y que se obstaculice la visión del nadador. Se recomienda un gorro liso, sin correa y provisto de una banda interior de caucho para conseguir una mejor adherencia.

Las gafas de natación pueden ser muy útiles. Protegen a los ojos de los productos químicos y aumentan la visibilidad bajo el agua. Son indispensables para los que usan lentillas. Por otra parte, los chalecos salvavidas, cámaras de aire, flotadores y elementos hinchables de todo tipo, no son aconsejables. Cualquier monitor de natación serio, les dirá que más que ayudar, estorban y, sobre todo, que dan una falsa impresión de seguridad. El principiante puede hacerse  dependiente de estos soportes. Esto puede, incluso, resulta peligroso, en particular para los niños. Es preferible, que el niño desde sus primeros contactos con el agua se acostumbre a no usar ningún tipo de flotador o soporte. Es igualmente importante, que el primer contacto con el agua se agradable. Una primera experiencia negativa puede provocar un gran miedo hacia el agua de difícil superación.

El cuerpo debe sentirse lo más libre posible dentro del agua. De este modo, además de elegir un traje de baño cómodo y elástico, es conveniente despojarse de todo tipo de cadenas, pulseras y adornos que pudieran dificultar nuestros movimientos dentro del agua.

Nadar es bienestar.

Un ejercicio que proporciona al organismo un bienestar físico y que a la vez disminuye la tensión nerviosa, aporta, sin lugar a dudas, beneficios psicológicos importantes. La práctica de la natación aumenta nuestra percepción sensual. También conlleva un aumento de la actividad lúdica, pues da lugar a momentos de diversión con los amigos o con la familia. Para muchas personas nadar puede ser tan divertido como bailar.

Aumenta la autoestima del nadador, pues saber nadar nos da la confianza para velar por nuestra propia seguridad e incluso la de los otros.  El seguimiento de un programa de natación de forma regular, resistiendo hasta conseguir cierta habilidad, fortalece nuestra autodisciplina. Conseguimos así, una mayor valoración personal que se extiende a todas las esferas de nuestra actividad.

Nadar proporciona beneficios únicos. Si el agua mece y fortalece al cuerpo, también sube la moral, aumenta el optimismo y nos descarga de todas las tensiones acumuladas. Simplemente el sonido del agua es relajante y proporciona paz y sosiego al espíritu. 

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Acerca del autor

Psicólogos en Madrid - Centro de psicoterapia

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